La patria es la lengua (escrita) (Sylvia Molloy)

Leemos hoy en ADN-Cultura:

Hace unos años escribí un relato sobre mi deseo de regresar a la casa donde me crié y lo titulé “Casa tomada”, copiando deliberadamente a Cortázar. El gesto no era tanto homenaje como intento de alejarme del género confesional y trabajar más en clave literaria. Cuento cómo me entero a través de un amigo de que la casa de mi infancia, en un suburbio de Buenos Aires, ha sido demolida o por lo menos renovada a tal punto que ya no es reconocible. Tanto una como otra posibilidad son extremas, pero cediendo a la urgencia dramática del mensaje escojo por supuesto la primera, más catastrófica, y confiando en mi amigo -que también era del mismo barrio- reacciono indignada: ¡cómo se atreven! Continúa mi texto contando cómo, en un viaje subsiguiente a Buenos Aires, voy a ver la casa el mismo día en que llego: está por cierto cambiada (han construido una extensión de la planta baja, lo cual cambia la fachada) pero todavía es reconocible. A mi regreso a Nueva York le reprocho a mi amigo: ¿qué lo llevó a decir que la casa había sido demolida cuando todavía está allí? Él insiste en que ha sido completamente modificada, demolida y reconstruida, el patio de adelante y el árbol enorme ya no están. Pero tanto el patio como el sauce llorón estaban en la parte de atrás de la casa, y no al frente, le digo, y lo que han agregado es mínimo, la casa ha cambiado muy poco. Pablo porfía que no, que ya no es la misma casa y que el árbol estaba al frente. Mi relato concluye, me doy cuenta de que es inútil que insista en lo contrario: probablemente los dos tengamos razón.

Pienso en la desterritorialidad que sentimos muchos de los que escribimos afuera y en la necesidad, como anota Salman Rushdie, de crearse casas imaginarias. En realidad, Rushdie habla de imaginary homelands, es decir, no sólo casas sino también países/casa: el inglés reúne oportunamente en una sola palabra la casa y la tierra, el hogar y la patria. Acaso la palabra querencia, en español, diera idea de la dimensión afectiva que contiene la palabra homeland, por lo menos para un latinoamericano. (En España la querencia es el espacio donde, durante una corrida, ponen al toro a recobrar fuerzas: pese a la brutalidad del escenario la idea de un espacio, un “adentro” reconfortante y regenerativo, me parece adecuada, incluso me agrada.)

Prefiero hablar de la escritura del afuera y no de la escritura del exilio porque la carga a menudo dramática de esta última palabra de algún modo oblitera la noción -engañosamente más simple- de desplazamiento. Si digo “afuera” presupongo un “adentro” al que, en teoría, puedo volver; si digo “exilio” la posibilidad de la vuelta es menos clara. Lo que me interesa principalmente es la escritura que resulta del traslado, la escritura como traslado, como traducción; la escritura desde un lugar que no es del todo propio y sin duda no lo será nunca, un lugar donde subsiste siempre un resto de extranjería y de extrañeza, donde se aprende una lengua nueva pero se escribe en la lengua que se trajo, y donde, si por azar uno oye hablar en castellano en la calle, uno se siente interpelado y se da vuelta: me están hablando. A mí.

Una de las características de escribir afuera es, como es obvio, la doble mirada. El remanido consejo -hay que escribir sobre lo que se conoce- sólo funciona a medias. Lo que se conoce bien está lejos o ha quedado atrás; lo que se conoce menos bien es lo que se tiene delante, la realidad de un lugar otro, donde se habla un idioma otro: no un homeland sino, para usar otra expresión en inglés (porque el mezclar lenguas es característica de quien escribe afuera) un home away from home, una casa fuera de casa; en suma, un lugar provisorio, aun cuando llegue a ser permanente. El imaginary homeland se vuelve homeland portátil, como Venezuela para los venezolanos, casa a la que se acude en el recuerdo, fuente inagotable de relatos que permiten asentarse. “Estoy donde no estoy”, escribe memorablemente Gabriela Mistral en un poema. Hubiera podido decir: “Escribo donde no estoy”.

La nota completa acá.



Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s