Uno de la banda de Gombrowicz: Jorge Vilela

Leemos hoy en el suplemento ADN-Cultura:

Imagen 1El mayor misterio de este lobo estepario que continúa la tradición de sus congéneres artesanos, tanto los de su familia como los del Renacimiento, reside en su escurridiza condición de escritor: amagó a editar sus textos pero -en parte por sus contradicciones, en parte por la histeria perversa de las editoriales- nunca llegó a publicar.

Le recuerdo una de sus novelas, de la que asomó una punta en 1968: “¿Cómo se titulaba aquella de la que apareció un anticipo en Primera Plana , con ilustraciones que mostraban a Gardel?”, pregunto. “´Nohaytutía’, aunque después tuvo otro título -responde al toque-. El original dio muchas vueltas y lo quisieron publicar dios y maría santísima. Así que el hecho de que haya permanecido inédita… Bueh, ¡es para creer en las mufas!”

Sin embargo, hay una pista que desconcierta y rompe los esquemas de “las mufas”. O tal vez los confirma. Es un párrafo de Bioy Casares, en el que informa que Alberto Manguel protegió un original de esa misma novela (amenazada por la piromanía del autor), que para entonces había cambiado su título por el de ” El verano del 67″. Hay que barruntar que algún dardo negativo debe haber disparado desde el inconsciente el propio Vilela. Dialogar con él sobre estas cosas es arduo: su silencio acerca de aquellas (insensatas) destrucciones alimentó eso que fue el “mito Marlon”, aunque sobreviven evidencias, como las disquisiciones de Bioy y de Manguel sobre él, al igual que la optimista prognosis del mismísimo Borges. Así, con el tiempo, el mito se ha convertido en el “enigma Vilela”.

En esa (suerte de) novela hay varios relatos autónomos. “Uno, el que se publicó en aquel anticipo de Primera Plana -puntualiza-, es acerca del señor Sánchez, que todas las noches, como si fuera un rito, pone un disco de Gardel. Parece que las influencias que se me filtraban en aquel entonces eran Kerouac, Hemingway y ´el portugués’.” (En el discurso intermitente de Vilela, la mención al “portugués” actualiza su deuda con Fernando Pessoa.)

Pero aquéllas no habían sido sus primeras armas literarias; hubo un bosquejo juvenil que escribió a los 19 años, antes, incluso, de que Gombrowicz cayera por Tandil. “Se titulaba ´Los impotentes’ -explica-, y era el asalto al banco del pueblo, una especie de ensayo de lo que más tarde sería la guerrilla.” Dipi Di Paola sostenía que la narrativa de El Chivo era una incursión precoz en la novela negra, antes de que la abordaran Ricardo Piglia u Osvaldo Soriano. “Dipi decía -rememora Vilela- que habían sido las primeras de ese género que se escribieron ´al sur del Río Grande’.”

La nota completa acá.



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