Habla Roberto Fernández Retamar

Leemos a  la periodista Silvina Friera (desde Cuba) en Página12 hoy:

–¿Cómo se formó usted como poeta?

–Yo era alumno de enseñanza secundaria en el año ’43. Y en uno de los libros de textos había un ejemplo de endecasílabo. Se trataba de un poema que había escrito Julián del Casal, que había muerto en 1893. Todavía recuerdo los versos de él que me impresionaron muchísimo: “Ansias de aniquilarme solo siento / o de vivir en mi eternal pobreza / con mi fiel compañero, el descontento / y mi pálida novia, la tristeza”. Me quedé hechizado. Yo fui un adolescente atormentado y por lo tanto esos versos, tormentosos y atormentados, me llegaron muy profundamente. Creo que fue la entrada del sentido de la poesía en mi vida. Pocos años después empecé a escribir poemas, por supuesto influido por Casal. Y también por un compañero maravilloso, José Antonio García López, que era sobrino nieto de Martí. Era pobrísimo y era poeta. Eso fue un impacto muy grande: ver un poeta de carne y hueso. Era una figura extraordinaria. Desgraciadamente, debido a la pobreza y a las necesidades que pasaba, murió a los 18 años. La conjunción del poeta Julián del Casal y la presencia de este poeta adolescente fueron decisivos en mi caso. Escribí poemas bastante malos, como suelen ser los poemas al principio. Stefan George, el poeta alemán, decía: “Siempre es demasiado temprano para publicar”. Los primeros versos que publiqué en revistas eran de cuando tenía veinte años. Ya estaba dejando atrás la adolescencia. De esos poemas, uno estaba integrado a un cuaderno que se llamó Elegía como un himno, dedicado a Rubén Martínez Villena, un gran poeta cubano que abandonó la poesía para dedicarse a la lucha social, y murió muy joven. Ese poeta me impresionó mucho. En general he escrito mucho sobre los poetas porque me siento en deuda con tantísimos de ellos que lo menos que puedo hacer es corresponderles con algún poema de admiración. Esos poetas me han abierto horizontes, perspectivas, me han hecho comprender el enigma de la vida.

–¿Alguna vez pensó en abandonar la poesía?

–No, la verdad que no. No imagino mi vida sin poesía. No me puedo sentar a escribir un poema como sí me puedo sentar a escribir ensayos. Los poemas me vienen como pájaros. Ahora hace un tiempo que no me vienen esos pájaros. Vamos a ver qué ocurre… Ya tengo muchos años encima. Tengo 82 años, una edad realmente increíble, donde se padece lo que Borges llamaba “la humillación de envejecer”. Como es evidente, me encanta Borges.

La nota completa (con más anécdotas sobre Borges, y una mención a Ezequiel Martínez Estrada) acá.



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