El capitalismo y su “ateísmo” (Terry Eagleton)

“El sistema capitalista avanzado es inherentemente ateo. Es impío tanto en sus prácticas materiales reales como en los valores y las creencias implícitas en éstas, digan lo que digan hipócritamente algunos de sus apologistas. Y es ateo en todos los sentidos equivocados del término, del mismo modo que Marx y Nietzsche lo eran en los que, en general, podemos considerar los sentidos correctos. Y es que no es probable que una sociedad de autorrealización comercializada, deseo administrado, política economicista y economía consumista alcance el nivel de profundidad necesario para que las cuestiones teológicas se planteen de forma apropiada, pues descarta todas las ideas políticas y morales de cierta hondura. ¿Qué sentido iba a tener Dios en un escenario así más que como legitimación ideológica, como nostalgia espiritual o como un medio para abstraerse a nivel privado de un mundo carente de valor?

Uno de los lugares donde se han refugiado los valores llamados espirituales, barridos por un capitalismo brutalmente pragmático, es en la New Age, la nueva espiritualidad, que no es más que la clase de caricatura de lo espiritual que se podía esperar que produjera una civilización materialista como la actual. De igual modo que los individuos con corazones de piedra tienden a llorar cuando escuchan música sensible, quienes no serían capaces de reconocer un valor espiritual de verdad ni aunque lo tuvieran delante también muestran cierta tenencia a concebir lo espiritual como algo fantasmagórico, etéreo y esotérico. Esto, por cierto, es lo que Marx tenía en mente cuando, a propósito de la religión, escribió que ésta era ‘el corazón de un mundo sin corazón, el espíritu de una situación carente de espíritu’. Con ello quiso decir que la religión meramente formal es el único corazón que un mundo sin corazón es capaz de imaginar, del mismo modo que el humor bochornosamente basto es el único tipo de comedia que saben apreciar quienes no tienen sentido del humor. La religión que Marx atacaba practica precisamente esa interpretación sentimental e incorpórea de lo espiritual que cabría esperar de los materialistas más acérrimos”.

Terry Eagleton, Razón, fe y revolución, Barcelona, Paidós, 2012, pp. 60-61.



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