La “muerte al servicio de los demás” (Terry Eagleton)

“La forma más radical de abnegación no es la renuncia al tabaco o whisky, sino al propio cuerpo, un acto tradicionalmente conocido por el nombre de martirio. El mártir entrega su posesión más preciada, aunque preferiría no hacerlo; el suicida, por el contrario, sí desea librarse de una vida que se ha vuelto una carga insoportable para él. Si Jesús quería morir, entonces no era más que un suicida y su muerte fue tan vana e inútil como el desagradable final del terrorista que se autoinmola. Pero los mártires, a diferencia de los suicidas, ponen sus muertes al servicio de los demás. Sus muertes pueden dar fruto en las vidas de otras personas. Esto es así no sólo con quienes mueren para que otros vivan (por ejemplo, cambiándoles el sitio en la cola de entrada a las cámaras de gas nazis), sino también con quienes pierden la vida en defensa de un principio que es potencialmente dador de vida para los demás. La palabra mártir significa ‘testigo’, y lo que ese o esa mártir atestigua es un principio sin el que tal vez ni siquiera valdría la pena vivir. En ese sentido, la muerte del mártir da fe del valor de la vida y no de la falta de importancia de ésta. Ése no es el caso con los terroristas suicidas islámicos”.

Terry Eagleton, Razón, fe y revolución, Barcelona, Paidós, 2012, p. 46.



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