Muestra de Enio Iommi en la Fundación Klemm

Leemos en el suplmento ADN-Cultura acerca del genio de Iommi, cuyas obras se exhiben en la Fundación Federico Klemm (Marcelo T. de Alvear 626, subsuelo), hasta fines de noviembre, con entrada gratis:

Uno y vario, fiel a sí mismo, Enio Girola Iommi (Rosario, 1926) es un perverso polimorfo. Es decir, un niño, según la definición freudiana. Más llano, el dicho español afirma que la verdad se oye de boca de niños y de locos, de aquellos que no ajustan juicios, decires y obras con el rasero de la conveniencia modosa y acomodada al uso.

Iommi vuelve al ruedo desde el horizonte del tablero de la mesa de café, donde conviven Biblia y calefón desde antes de que el genial Discépolo se convirtiera en el Mordisquito que murió del asco ajeno y, finalmente, propio. Estas menciones no son baldías: aluden a la rica y mestiza experiencia argentina.

De todo esto y de sus degradados descendientes tecnológicos contemporáneos trata la muestra Las maravillas del mundo, ensamblados y materiales mixtos que Iommi presenta en la Fundación Federico Klemm. Elena Oliveras es responsable de la curaduría y del texto que integra el catálogo, junto a las desencantadas palabras del artista.

Atención: Iommi no cuestiona la tecnología sino el uso ignorante, insulso, de su potencial. Cala hondo desde el dominio precoz, familiar, de las técnicas del laboreo de materiales, conceptos y metáforas sintetizadas en imágenes nítidas, sin abdicar de la enjundia conceptual. Es la ancestral tradición italiana, sin remilgos ante las exigencias del oficio.

Desde el tuteo con la materia, Iommi se desacató junto con los pares del grupo Arte Nuevo-Invención. Teóricos, filósofos, poetas, diseñadores, pintores y escultores convulsionaron el lapsus informativo impuesto por la Segunda Guerra Mundial. No es dato secundario que de la precariedad haya emergido una renovación fundante del arte producido en el remoto sur, la República Argentina.

La movida era la concreción plástica de una utopía social y política. Pero de la estética estricta, ascética, del movimiento Arte Concreto derivó Iommi hacia materiales rústicos, pegamentos visibles, con rebarbas bruscas.

Hoy está Iommi acotado por una silla ortopédica mientras remonta una operación. Pero su virulencia está intacta. Rezonga su malestar en el texto del catálogo y lo pone en obras -en acción- realizadas en los dos últimos años. Él no está desencantado, sino  que es un arrabbiato.

Texto completo acá.

 



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