Eduardo Berti sobre el flaco LAS

Leemos hoy en el suplemento ADN-Cultura:

Cierto día en que paseaban por el campo, el poeta Matsuo Bashô (1644-1694) y su discípulo Kikaku se extasiaron mirando el revoloteo de las libélulas. En el acto, el discípulo compuso un haiku:

¡Libélulas rojas!
Quítales las alas
y serán pimientos.

El maestro repuso: “No. De esta manera has matado a las libélulas”. Y propuso otra versión:
¡Pimientos!
Añádeles alas
y serán libélulas.

La anécdota fascinaba a Luis Alberto Spinetta en sus últimos años, tanto que llegó a contarla en más de una entrevista. Un video realizado por Emilio Cartoy Díaz muestra a Spinetta comentando que, a su entender, el episodio de Bashô resume y confronta “dos visiones del mundo”: la destrucción versus la creación.

La crítica de la violencia y de la destrucción fue una constante en la obra de Spinetta y, con certeza, uno de los pilares de la ideología del rock, que nació tras el nazismo e Hiroshima. Un sketch de la película Hasta que se ponga el sol (de Aníbal Uset), filmado en los años de plomo, casi al mismo tiempo que la matanza de Ezeiza, muestra a los músicos de Pescado Rabioso caminando por una calle apacible de un barrio porteño. Aparece una limusina y tras ella va un coche algo destartalado. Una especie de “personaje importante” baja de la limusina. Un tirador baja del otro coche y le apunta con una grosera escopeta. Los músicos se cruzan, por error, en la línea de fuego. Suena un disparo. David Lebón recibe una bala perdida y reacciona indignado frente al tirador. “Tonto”, resume Spinetta.

De aquella bala perdida a la bengala perdida del disco llamado nada menos que Tester de violencia y basado en algunos textos de Michel Foucault, la postura de Spinetta ante el instinto de muerte fue siempre activa, siempre creativa. Lennoniana, podría decirse. Un grupo como Pescado Rabioso sondeaba la poesía en los resquicios de la “dureza”. Una canción como “Kamikaze” hacía una crítica -no exenta de admiración- de la ética del sacrificio.

“Estoy en contra de la muerte. No concibo la posibilidad de que los hombres se maten ni por inmolación, ni para beneficio de la guerra, ni jugando a los dados o a la ruleta rusa, ni en la calle ni en los accidentes”, le decía Spinetta a Gabriel Senanes en una entrevista donde hablaba del libro que le había inspirado esta última canción: Los kamikazes , de Fernando Castro.

Pero, a la vez, el sobre interno del disco (también bautizado Kamikaze ) admitía su perplejidad por la audaz convicción de estos guerreros: “¿Lamentablemente no hay más kamikazes en la vida creativa?” […]

 Nota completa acá.


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