Imperio y literatura (en el siglo XX)

Leemos esta nota de The Guardian en el sitio de Ñ:

El 27 de enero se convirtió en el día negro de la literatura estadounidense. Ese día del año 2009 murió John Updike; el primer aniversario de esa pérdida estuvo señalado por la noticia de que J.D. Salinger había muerto. Es una coincidencia artificial –un tipo de casualidad de la que autores tan buenos como Updike y Salinger se hubieran burlado en sus relatos–, pero los fallecimientos con escasos intervalos de tiempo de los miembros de las generaciones literarias nacidos en las décadas de 1910, 1920 y 1930 tienen un significado simbólico. Y si a ello agregamos las muertes en 2007 –con un lapso de cuatro meses entre ambas– de Norman Mailer y Kurt Vonnegut (miembros como Salinger del grupo de escritores estadounidenses importantes que prestaron servicio en la Segunda Guerra Mundial) es evidente que una época de la literatura estadounidense está llegando a su fin.

Existe la tentación de creer que estos autores formaron –junto con otros que pelearon en la guerra (por ejemplo, Saul Bellow y Gore Vidal, que murió esta semana) o que fueron adolescentes en aquellos años (Philip Roth)– la generación literaria más importante que Estados Unidos haya tenido nunca y que quizá no volverá a tener. Esta actitud triunfalista pero nostálgica sostiene que estos escritores contaron con el poder geopolítico de su nación –y con una cultura media y una base importante de lectores de libros que juzgaban seriamente a los escritores serios–para crear una superpotencia de la pluma que igualara el dominio financiero y militar de los Estados Unidos durante lo que se dio en llamar “el siglo americano”.

La refutación de este argumento es que aquel ejército de ex combatientes era muy macho y masculino y blanco y tenía las convicciones que correspondía tener, sólo atemperadas por la admisión (a regañadientes) a los salones de la fama a algunas escritoras, como Toni Morrison y Joyce Carol Oates; y que la narrativa estándar de la literatura estadounidense del siglo XX es parcial y distorsionada.

Bien podría argumentarse que en la ficción estadounidense el cambio de guardia no es generacional sino cultural. Tal vez el gran público lector que antes llenaba sus estanterías con Rabbit Quartet, de Updike; Herzog, de Bellow; Los desnudos y los muertos, de Norman Mailer; El lamento de Portnoy, de Philip Roth, y otros best-séllers de verdadero mérito literario, hayan emigrado hacia los thrillers de lectura rápida (como los de Dan Brown) y los diarios íntimos de tono confesional.

Mi definición de la literatura moderna estadounidense se concentra en autores cuyas primeras obras aparecieron después de 1945, que de alguna manera fue un hito de cambio. En La conjura contra América, Philip Roth imagina que un gobierno proteccionista evitó que Estados Unidos entrara en la Segunda Guerra Mundial en el momento en que debiera haberlo hecho. Pero si aquello hubiera sido una realidad histórica, La conjura contra América no es la única novela estadounidense importante de la que podríamos haber carecido. Los grandes novelistas estadounidenses de mediados del siglo XX son, de diversas maneras, beneficiarios directos de la participación de su país en ese conflicto bélico.

Norman Mailer prestó servicio en el 112ª Escuadrón de Caballería en el frente del Pacífico, donde Gore Vidal, enrolado en la Unidad de Reservistas del ejército estadounidense, era capitán de una nave de abastecimiento. Joseph Heller fue tripulante de un bombardero en el 12ª Escuadrón de la Fuerza Aérea; y Kurt Vonnegut, soldado raso en la 106ª División de Infantería. Jerome David Salinger, destacado en la 4ª División de Infantería del 12º Regimiento de Infantería, combatió en el “Día D”. Saul Bellow, aunque canadiense por nacimiento y mayor que los otros, se alistó para la Marina Mercante.

Con excepción de Salinger, este escuadrón de futuros novelistas tuvo poca acción militar. Mailer fue utilizado principalmente como cocinero, y Vonnegut se convirtió rápidamente en prisionero de guerra, pero todos encontraron material para escribir sus relatos. Era evidente que Mailer se había alistado en el ejército con la esperanza de escribir la novela que luego se llamaría Los desnudos y los muertos (1948). La primera novela de Bellow, Dangling Man, está inspirada en el período de guerra; y las experiencias de Gore Vidal en el mar le brindaron el título para un libro de memorias –Pont to Point Navigation– y un diario de combatiente desde el escéptico y agrio punto de vista que habría luego de informar su larga serie de novelas históricas sobre el crecimiento de la ambición militar de los Estados Unidos: Crónicas del imperio.

Nota completa acá.



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