Trotsky en la letra de Milcíades (carta publicada en revista Ñ)

* A continuación, la carta completa enviada a la revista Ñ, que fue publicada parcialmente el sábado pasado.

Leí en Ñ “El regreso de Milcíades Peña: contra los mitos de la historia vernácula”, de Agustín Scarpelli; interesante síntesis acerca del historiador trotskista, al igual que los comentarios que hicieron diversos intelectuales en la presentación del libro editado por Planeta.

Quisiera mencionar dos cosas. La primera, que la teoría del “desarrollo desigual y combinado” que emplea Peña surge de las teorizaciones del revolucionario ruso León Trotsky, quien la empleó para describir las peculiares formaciones socio-económicas en el capitalismo, en sus centros imperialistas y en su periferia. Estas conexiones, estas “dependencias mutuas” –Trotsky daba como ejemplos de “extremos” del capitalismo a Inglaterra e India– podían permitir que en países “atrasados”, oprimidos y explotados por las metrópolis, se generaran poderosos movimientos obreros y de masas, aunque luego habría en esos países menores bases materiales para construir una nueva sociedad socialista; y, al mismo tiempo, habiendo más y mejor economía, cultura, tradiciones políticas, etc. en los países centrales, para sentar las bases de una sociedad nueva, había también mayor estabilidad y conservadurismo político, lo que hacía más difícil explosiones revolucionarias en los países centrales (esto dicho esquemáticamente, ya que por ejemplo Italia, Alemania e Inglaterra vivieron sacudidas revolucionarias en el período de entreguerras). Trotsky dio una brillante explicación de esto, en los años de la Gran Depresión, en un artículo llamado “Si Norteamérica se hiciera comunista”, comparando las penurias que atravesaba la Rusia soviética, con las inmensas posibilidades de implantar –por medio de los soviets– el socialismo en uno de los países más ricos de la Tierra.

El “desarrollo desigual y combinado”, entonces, más allá de los coqueteos izquierdistas de los teóricos latinoamericanos “de la dependencia” en los ‘70, pertenece a Trotsky, quien lo desarrolló ampliamente, cuatro décadas atrás, en trabajos clásicos como la Historia de la Revolución Rusa, La teoría de la revolución permanente y Stalin, el gran organizador de derrotas, entre otros libros y artículos.

La otra cuestión tiene que ver con lo que menciona Scarpelli acerca de Maristella Svampa: ella habría dicho que no hay “sujeto emancipatorio” en Peña. Más allá de que el trotskista fue en algunos períodos escéptico sobre la capacidad de los trabajadores argentinos ante el bonapartismo peronista, lo cierto es que Peña escribía en pos de los intereses históricos de los trabajadores y la militancia marxista. Por ello es una importante base, hoy, para los trabajadores y la juventud, para desarrollar una historiografía “nacional” marxista, que tercie, como una tercera voz, en el tradicional debate –resurgido– entre la “historia liberal” y el “neo-revisionismo”.

Atte.

Demian Paredes,

Instituto del Pensamiento Socialista (IPS) “Karl Marx”



Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s