Una muerte y un premio (literarios)

Ambas –junto al 75 aniversario del asesinato Federico García Lorca– fueron algunas de las “noticias culturales” de la semana: la muerte de Ray Bradbury, a los 91 años, y el premio Príncipe de Asturias (en literatura) para Philip Roth.

Respecto a Bradbury, están las notas de Ñ, Página/12 (que destaca algunas deplorables simpatías políticas del autor de Crónicas marcianas: Gorbachov, Reagan y Bush Jr.), del diario español El país (que además, entre otras cosas, brinda en PDF el prólogo de Bradbury al cómic de Fahrenheit 451) y del mexicano La Jornada, que además de mostrar algunas ideas progresistas del autor de Las doradas manzanas del sol, reproduce un fragmento del posfacio de Fahrenheit…

De Roth, destaco un par de notas (más bien convencionales), la de Ñ y Página, y lo que se publica en La Jornada, donde se lee:

“En el caso de Roth, se trata de un personaje molesto para el establishment por sus duras y certeras críticas hacia la corrupción y otras políticas de Estados Unidos. Poseedor de un espíritu demoniaco, como lo considera The New York Times, desde hace muchos años está en las listas de merecedores del Premio Nobel de Literatura.

No obstante, el escozor que causa incluye sectores literarios, capillas, grupos sociales y fuerzas vivas a quienes su personalidad, su estilo sin tapujos y los temas que trata (la falsa moralidad de la sociedad estadunidense, la familia judía como criadero de neuróticos, la búsqueda de la felicidad mediante la satisfacción sexual, la enfermedad, la decadencia, la muerte), realmente los incomodan.”

Y también, la columna de opinión aparecida en El país –que además trae una entrevista a Roth de 2011–, “Un guerrero de la escritura”, donde se destaca que “Sus primeras novelas ya le proporcionaron notoriedad, sobre todo por su desenfadado tratamiento de la sexualidad: Goodbye Columbus y El lamento de Portnoy; sin embargo en ellas ya aparece con claridad su actitud de testigo moral de la vida (norte)americana. (…) Philip Roth se muestra como un intelectual judío liberado de las ataduras de la religión, que contempla el hundimiento del sueño americano.” Para luego, en los ’90, “pasa de ser un excelente escritor a crear una serie casi ininterrumpida de obras maestras. La mejor de todas ellas es Pastoral Americana (…).”



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