Unas líneas sobre el (último) recital de Björk (en Argentina)

Ando retrasado en comentar en este blog algunos de los últimos recitales a los que pude asistir (anduve ocupado con algunos menesteres editoriales). Pero es imposible, además de tratar de ponerme al día –una de las obligaciones que depara todo blog–, no dedicarle algunas líneas a la presentación –la última, ya que canceló los shows siguientes– de Björk con su último disco, Biophilia.

El Centro Municipal de Exposiciones montó un escenario circular, similar al que alguna vez empleó Peter Gabriel, donde subieron la cantante, dos músicos (percusiones, programaciones electrónicas y juguetes varios) y el coro Graduale Nobili, auténticas nenúfares que rodearon (y cantaron y bailaron y saltaron y acompañaron durante casi todo el recital) a Björk.

Ahí estábamos, con el amigo y camarada Julio Rovelli, que trataba de sacar alguna foto al escenario, rodeado de instrumentos –algunas gigantes (y delicadas) cajas y “maquinarias” musicales–, y que era escrachado (Julio) por la seguridad del lugar, con un rayo láser(!?)… Pedían (los guardias “de seguridad”) que no se sacara fotos ni se filmara, ni antes ni durante el show

Avatares aparte, Björk dio un gran concierto, haciendo principalmente temas de Biophilia, y alguno que otro de sus discos anteriores. Lo que impacta –y ya suena en el primer tema, “Thunderbolt”– es la bobina Tesla, adaptada para sonar como un instrumento más: acondicionada en una bruta jaula de metal que baja desde el techo, suena la bobina, accionada por los teclados digitales, descargando hasta miles (¿millones?) de voltios, que allí (por suerte) se quedan.

Otra cosa a destacar es la interpretación de “One Day”: Björk junto al acompañamiento de Manu Delago, el percusionista austríaco, con hang. ¡Impresionante versión!

En definitiva, la música islandesa sigue innovando, intentando en este caso producir una “obra orgánica” que incluye interacción con los oyentes (con las aplicaciones de IPad para crear música, por ejemplo) y un concepto artístico donde se pretende que Biophilia fusione la música, la vida (la naturaleza) y la tecnología. Esta última salta a las claras en el concierto: pantallas táctiles, que son tocadas, golpeadas, arañadas o acariciadas (y suenan, por supuesto, fieles a la intensidad del intérprete); instrumentos gigantes acondicionados para el recital y la voz (las voces) cantante(s); pantallas de video que “ilustran” cada tema –y acompañan sus ritmos–. Sin embargo tal vez sea “un poco demasiado” que el conocido científico naturalista David Attenborough anuncie al comenzar el show, con su voz grave, de documental, que “Estamos al borde de una revolución…”.

Más allá de los sueños cándidos de Björk, el recital fue muy bueno. Contundente(mente musical).

 



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