Pasado y presente de la vigilancia y el castigo

George Orwell: distopía y realidad

Tuve la oportunidad de ver en el Teatro San Martín una de las tres funciones que brindó la semana pasada la compañía norteamericana The Actor’s Gang, quien junto a Tim Robbins como productor artístico, realizan, desde 2006, 1984, la conocida novela de distopía (o “utopía negativa”) del inglés George Orwell.

La obra, inteligentemente adaptada por Michael Gene Sullivan, se pone en escena con tres paredes con pequeñas ventanillas, donde se ve una cabeza humana y una voz que interroga, y un receptáculo para el prisionero. Estamos en la parte final de la novela, cuando el “héroe” rebelde de esta historia, Winston Smith, es, tras ser capturado, llevado al “Ministerio del amor” para ser interrogado, torturado y “re-hecho”, para poder volver a la (vigilada, controlada) sociedad. Allí se le obliga al “inadaptado” a recorrer todo su “historial reciente”: su descreimiento de los mecanismos de funcionamiento y discursos –con exitosas estadísticas… falsas– del gobierno del Gran Hermano, el líder de “Oceanía” (uno de los tres Estados-nación junto “Estasia” y “Eurasia” que, supuestamente, se encuentran en guerra perpetua entre sí); su búsqueda de rebeldes que conspiren contra el gobierno; y su historia de amor con una mujer, empleada como Smith en un departamento donde trabaja la clase media (aislada, alejada y descreída de que haya humanidad alguna –o cualquier esperanza de protesta y reclamos– en “la clase baja”: los obreros). Como la novela, la obra relata los mecanismos por los cuales logran, literalmente, destruir a Smith, vencerlo, complementándose con algunos gags e ironías a lo largo del cruento interrogatorio representado, desde un expediente con una declaración del protagonista, por cuatro oficiales.

1984, ayer y hoy

¿Tiene algún sentido seguir representando esta obra, escrita en 1948 como una denuncia a los llamados “Estados totalitarios” del siglo XX, el fascismo y el stalinismo?[1] Si pensamos en lo que significó el 11 de septiembre de 2001, tras el ataque al World Trade Center, la ofensiva bushista urbi et orbi, con campos de concentración como Guantánamo y Abu Grahib –o directamente con torturas y juicios ¡en el aire!, a bordo de un avión, escapando así de toda “juridicidad estatal” y convenciones humanitarias–, las leyes de la Patriot Act y las guerras en Afganistán e Irak, sí. El mismo Robbins lo dice: “Hoy vivimos en una sociedad que tolera la tortura y que mantiene cárceles secretas con prisiones sin representación legal. Tenemos medios de comunicación que funcionan como brazos propagandísticos del Estado en la construcción de una guerra como la de Irak. ¿Nos hemos convertido en nuestro enemigo?”.

Aunque hoy no estamos sometidos a una “nueva norma”, la del “estado de excepción permanente”, como postulan algunas teorías (Agamben, Espósito), sí es una realidad que los países imperialistas (Estados Unidos, el Estado de Israel, Alemania, Francia), en crisis de dominio, endurecen sus “políticas policiales”, aumentan “la vigilancia” y surge la ultraderecha, con su xenofobia y racismo.

Orwell, sus ideas y acción políticas, y el trotskismo

Orwell, además de periodista y escritor denunciante del imperialismo inglés, fue un activo combatiente en la guerra civil española (experiencia plasmada en su Homenaje a Cataluña). Explica Christopher Hitchens, autor de una breve pero documentada biografía del escritor, aparecida hace una década: “Lo más cerca que Orwell estuvo de algo que podría recibir el nombre de trotskismo fue en España, donde se dirigió a las barracas Lenin de Barcelona y se alistó en la milicia del POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista, un movimiento que, aunque en sí mismo no era ‘trotskista’, tenía una actitud de simpatía hacia la Oposición de Izquierda). Pero dio ese paso debido a […] su previa relación con el Partido Socialista Independiente (Independent Labour Party [ILP]), un movimiento claramente local que junto a sus críticas al Partido Laborista desde la izquierda, también tenía una posición antiestalinista. […] La mayoría de los antifascistas extranjeros se incorporaban a las Brigadas Internacionales o eran elegidos para éstas, que operaban bajo la estricta disciplina del Partido Comunista. La incorporación de Orwell a un grupo disidente le permitió ver de primera mano la verdadera historia de Cataluña, que era la historia de una revolución traicionada”[2].

Entonces, su particular experiencia con el POUM –una organización política revolucionaria que sin embargo, como la llamó el mismo Trotsky, era centrista– y los hechos de España le demostraron qué era el stalinismo. Orwell se reivindicó siempre como “socialista democrático”, pero carecía de alguna alternativa política realista y coherente a la burocracia de la URSS –fuertemente denunciada en otra obra suya muy conocida: Rebelión en la granja (Animal Farm), de 1945–. Como recuerda Hitchens, “En sus ensayos Orwell sentía inclinación por sostener que tanto Lenin como Trotsky tenían alguna responsabilidad en el stalinismo”[3].

* * *

“Siempre habrá Trotskis y Goldsteins e incluso Winstons Smith, pero debe entenderse con claridad que las probabilidades en su contra son abrumadoras”, dice Hitchens. Efectivamente, 1984 de Orwell, así como Nosotros, del ruso Zamiatin o Un mundo feliz, de Huxley representan, desde el arte y la “ficción”, los tortuosos caminos, las celadas y contradicciones que tiene que enfrentar la humanidad para poder elevarse a un estadío nuevo, a una sociedad superior sin hambres ni guerras, sin explotación ni opresión.

Orwell, desde la escritura (sea ficción o testimonio histórico y periodístico) y la acción (en la guerra civil española), aún con sus límites, demostró ser un firme combatiente de la causa de los oprimidos y explotados, y contra el imperialismo.

NOTAS:

[1] Cabe señalarse la indistinción que se hace con la denominación “Estados totalitarios”: el stalinismo, aún emparentado con los métodos dictatoriales del fascismo, tenía como base económica y social la expropiación de la burguesía: la URSS era un Estado obrero degenerado; mientras que en la Alemania capitalista, sumida en una brutal crisis económica, la “movilización general” de masas –especialmente clase media y sectores bajos del proletariado– era acompañada de un “estado de guerra” contra la clase trabajadora, para “disciplinarla” y poder “mejor” explotarla. El fascismo es la dictadura de los monopolios económicos capitalistas como respuesta a una crisis económica-social de envergadura.

[2] Christopher Hitchens, La victoria de Orwell, Bs. As., Emecé, 2003 (ed. original 2002), p. 77. “Orwell jamás lo supo, pero si él y su esposa no hubieran conseguido huir de España con la policía pisándoles los talones es muy posible que los hubieran sentado en el banquillo como ejemplos de ese mismo juicio demostrativo [como los Juicios de Moscú de 1935-37]. Un memorando de los archivos de la KGB (que en ese entonces se conocía como NKVD), con fecha del 13 de julio de 1937, los describe a él y a Eileen O’Shaughness como ‘trotskistas manifiestos’ que operaban con credenciales clandestinas. También aseguraba, con el habitual tinte de fantasía surrealista, que la pareja estaba en contacto con círculos opositores en Moscú. […] Orwell le resta importancia en Homenaje a Cataluña. ‘No era culpable de ningún acto definido –escribió– pero era culpable de ‘trotskismo’. El hecho de haber combatido con la milicia del POUM era suficiente para mandarme a la cárcel’ […]. Algunos amigos de Orwell, como su comandante de brigada George Kopp, fueron arrestados en las peores condiciones y –en el caso de Kopp, prefigurando el horroroso clímax de 1984– sometidos a la tortura del encierro con ratas. Otros, como el voluntario de la clase trabajadora, Bob Smillie, murieron por el tratamiento que recibieron (pp. 78 y 79).

[3] Ídem, p. 90.


One Comment on “Pasado y presente de la vigilancia y el castigo”

  1. […] adolescentes) también fue llevada al cine, al cómic y al teatro y la ópera. (De hecho, hace poco estuvo en el teatro San Martín una compañía norteamericana, dirigida por Tim Robins, haciendo 1984…) Y acá en Rebelión en la granja vuelven a estar Stalin y Trotsky –e incluso […]

    Me gusta


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s