Catástrofes y juventud (en la literatura y en el cine japonés)

Aunque el título del post pueda ser medio pretencioso, en realidad comentaré un poco la película La tragedia de Japón, de Keisuke Kinoshita, y trataré de relacionarla con algunas obras literarias que “me fueron llegando”, tras ver el film, por asociación. (Esta película, que vi ayer, es parte de un ciclo del inédito director en el Teatro San Martín.)

(Aún en blanco y negro) La tragedia… es una película bellísima. Bien filmada (tiene todas las escenas posibles: planos directos a los rostros, escenas generales en casas, comercios y otros sitios públicos, impresionantes “paisajes” urbanos… y ambientes sombríos), es lo que se suele llamar “un dramón”. Incluso tiene un comienzo “de contexto histórico”, con imágenes de los noticieros (de la guerra, de movilizaciones y discursos de los políticos, etc.) y titulares y fotos de los diarios –algo así como lo que hizo el norteamericano John Dos Passos en sus grandes frescos novelados como Manhattan Transfer y la “trilogía USA”–.

Además, hay en La tragedia… el recurso, excelentemente utilizado, del flashback, lo que permite ir contando la historia desde “un presente” que permanece vitalmente conectado a su pasado (o, más bien, a los pasados de los protagonistas de esta historia).

La historia en cuestión se centra en Haruko, madre soltera de un varón y una niña, quienes la desprecian por el trabajo que hace (camarera en un lupanar), y porque los dejó (según ellos) abandonados (con un tío y su familia) para irse a trabajar. De todo esto uno/a se va enterando por los conflictos y discusiones que surgen entre los tres, y con los flashbacks recurrentes; o cuando alguno de ellos rememora sus (duras, durísimas) vivencias… El varón quiere ser adoptado por otra familia (unos ancianos médicos adinerados que perdieron a su único hijo en la guerra), para proseguir sus estudios, mientras que la chica tiene una crisis amorosa con/por su profesor de inglés, que está dispuesto a divorciarse de su mujer y huir de la familia…

Haruko trata de mantener alguna clase de vínculo con sus hijos, pero éstos la rechazan: no soportan la existencia miserable, malos tratos y vejaciones que tuvieron que pasar durante la guerra (incluso hay una escena de una clase en un colegio derruido, donde un estudiante le reclama al profesor por el engaño de haber dicho que había que apoyar el ir a la guerra; y éste reconoce que “la guerra estuvo mal”, y que “todos, incluso yo, fuimos engañados”).

De trasfondo, todos/as, admiten que lo que hace a los hombres “mala gente”, individualistas, etc., es la guerra. El envilecimiento se debe a ésta, y el trágico final de Haruko –ya sin esperanzas, deshecho su espíritu de madre– no podía sino ser ése.

Claro, lo más “elemental” para pensar, si asociamos una película como La tragedia…, de 1953, a parte de la literatura nipona posterior, como la de un Kenzaburo Oé, es que “si a esta gente le tiraron (los yanquis) dos bombas atómicas… bueno: no hay otra forma de expresar semejante experiencia y dolor más que con la de un arte desgarrado (y desgarrador)”.

Y así como en La tragedia… tenemos a dos jóvenes que, con sus propios anhelos y despreciando a su madre, luchan por la vida –por su vida: con un “individualismo” (producto de las miserias vividas) que genera una profunda hostilidad para con ella–, en dos de las obras más conocidas de Oé, El grito silencioso (1967) y Arrancad las semillas, fusilad a los niños (1958), tenemos también protagonistas jóvenes, e “individualistas”, bajo el tenebroso manto de la terrible posguerra.

En El grito… está la “revuelta juvenil” en un pueblo, dominado por “el rey de los supermercados”, dirigida por el hermano del protagonista (un pobre hombre tuerto, piltrafa humana, con un amigo “extrañamente” suicidado), que será aplastada. Y en Arrancad…, los pobres niños y adolescentes provenientes del reformatorio, quienes son abandonados en un pueblo campesino invadido por la peste. La conclusión “en realidad, la guerra transforma a los adultos en miserables mil veces más que a los jóvenes rateros o rebeldes”, es completamente cierta. En medio de la catástrofe, hay una juventud que no logra controlar el timón de la situación (hay descaro y asombros, rebeldía y descontentos, emociones y acciones solidarias, casi heroicas… pero también desidias), y por ello, terminan con un incierto destino de náufragos…

Tanto los “documentos de época” que aparecen en La tragedia…, como el ominoso trasfondo de las dos novelas mencionadas –novelas donde Oé no ahorra en lo más mínimo la más puntillosa descripción de los procesos escatológicos surgidos de la muerte y destrucción de la guerra, y sus secuelas de pobreza y miseria– marcan un cuadro general, donde la tragedia individual y familiar son parte constitutiva, integrante, de esos procesos (con desgarrantes contradicciones sociales) que parecieran haberse ido… pero no para ya no volver, sino para manifestarse a “menor escala” y en otros lugares (Europa central en la década de 1990, Medio Oriente los últimos 15 o 20 años, etc.).

Más en general –y a diferencia de los actuales escritores/as nipones/as, muchos/as acusados/as de “occidentalizados”, como Banana Yoshimoto, que hacen algo que pareciera ser más bien “light”: una literatura de “lo maravilloso e inesperado ante la apacible rutina cotidiana de la vida moderna”– se puede decir entonces que tenemos aquí un arte oscuro, sombrío, y que sin embargo es enérgicamente vital: que no duda en apelar a la belleza del arte para transmitir encanto y emotividad con casa historia que se crea.

Y, en medio de estas tragedias (grandes y “chicas”, sociales y familiares), surge (alg)una epifanía.



Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s