Fragmentos de “Laguna”, novela de Bárbara Kingsolver (7 de 9)

17 de abril

La comisión terminó hoy su trabajo, tras trece sesiones. Si hubiera durado más, el comedor se habría quebrado como un huevo. Lev hizo la clausura con su acostumbrada vehemencia:

–Las experiencias de mi vida, en las que no han faltado el éxito ni el fracaso, no solo no han destruido mi fe en un futuro claro y luminoso para la humanidad. Esta fe en la razón, en la verdad y en la solidaridad humana que me acompañó, a la edad de dieciocho años, hasta los barrios obreros de Nicolayev, se ha conservado entera y completamente. Mi fe ha madurado, pero no es menos ardiente.

Todas las manos se detuvieron; los reporteros parecía que pronto iban a sacar los pañuelos. El señor Dewey dijo:

–Cualquier cosa que añada, señores, sería superflua tras haber escuchado lo anterior.

El señor Dewey y sus colegas analizarán la evidencia y declararán inocente o culpable al acusado. Pasarán varias semanas antes de que entreguen su veredicto por escrito. Pero Lev está rozagante; ha contestado los cargos ante el mundo.”

 

* Bárbara Kingsolver, Laguna, Bs. As., Lumen, 2011, p. 217.

** Ver también “El combate oculto entre Trotsky y Dewey”.



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