Fragmentos de “Laguna”, novela de Bárbara Kingsolver (2 de 9)

“Los visitantes se instalaron en la casa. Lo que antes era el comedor les sirve de recámara, y el estudio de Lev [Trotsky] está en el cuartito adyacente. Lev se encuentra de excelente humor, a pesar de los años de penuria, constantemente perseguido por Stalin, y de su reciente viaje de veintiún días por mar. Sale por las puertas de vidrio de su estudio al patio soleado, y se estira flexionando los brazos: un hombre compacto y musculoso, un verdadero campesino ruso digno de encabezar una revolución de campesinos. Parece hecho para una vida de trabajo más que para la reclusión. Cuando se sienta en su escritorio, su mano tosca empuña la pluma como si se tratara del mango de un hacha. Al sonreír, sus ojos brillan y sus mejillas muestran hoyuelos sobre la barbita blanca. El júbilo parece ser su estado natural. ¿Un hombre se vuelve revolucionario debido a la convicción de que el destino le depara júbilo en vez de sometimiento?”

 

* Bárbara Kingsolver, Laguna, Bs. As., Lumen, 2011, p. 196.


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