Fragmentos de “Laguna”, novela de Bárbara Kingsolver (1 de 9)

“El Partido Comunista lo ha expulsado [a Diego Rivera], por una discusión interminable acerca de si Stalin es mejor que Stotsky, Potsky o como se llame. Los otros comunistas ya no vienen a cenar.

[…]

–Señor Rivera, usted da la cara por la gente, cualquiera se da cuenta de que eso es bueno. Pero los líderes parecen todos iguales, prometan lo que prometan. A fin de cuentas, echarán los perros sobre los pobres.

[…]

–¿Alguna vez has oído hablar de un hombre llamado Trotsky?

–No, señor. ¿Es polaco?

–Ruso. También hay una carta suya allí. En la misma pila que la del presidente.

–No me fijé en esa, señor Rivera. Le juro que es verdad.

–No te estoy acusando. Lo que quiero dejar bien en claro es que estás equivocado, el idealismo sí existe. ¿Has oído al menos hablar de la Revolución rusa?

–Sí, señor. Lenin. Por su culpa tuvo problemas con los gringos, por el mural.

–Ese. Líder de los bolcheviques. Sacó a los reyes, junto con los ricos chupasangres que vivían de los obreros y de los campesinos. Llevó a los obreros y campesinos al poder. ¿Qué te parece eso?

–Con todo respeto, señor, preguntaría: ¿cuánto duró?

–A lo largo de toda la revolución y siete años más. Hizo todo lo que hizo por el pueblo, hasta que murió. Y vivió siempre en un departamento chico y frío de Moscú.

–Admirable, señor. ¿Y cuándo fue asesinado?

–Murió de un infarto. Dos hombres podían ser sus sucesores; uno con escrúpulos y otro muy astuto. Supongo que opinarás que era predecible: el canalla tomó el poder.

–¿Lo tomó?

–Sí, Stalin. Un burócrata egoísta enloquecido por el poder, todo lo que en tu opinión es necesario para ser un líder.

–Lo siento, señor. Es pesado tener la razón.

–Pues no la tienes. El otro, con escrúpulos, bien podría estar ahora en el poder. Era la mano derecha de Lenin y su mejor amigo. Fue elegido presidente del Sóviet de Petrogrado, a favor del pueblo, convencido de que sería el sucesor de Lenin. Distinto en todo a Stalin, que estaba engreído por su poder burocrático. ¿Cómo puede apoyar el pueblo a un burócrata y no a alguien que está a su favor?

–¿Y no lo apoyaron?

–Fue todo por un accidente histórico.

–Ah. ¿El que defendía al pueblo, con escrúpulos, fue asesinado?

–No. Para gran enojo de Stalin sigue vivo, en el exilio. Escribe sobre teoría estratégica y organiza el apoyo para una República Democrática Popular. Y escapa de los asesinos de Stalin, que se arrastran como hormigas por todo el planeta, buscándolo.

–Es una buena historia, señor. Hablando estrictamente desde el punto de vista de la trama, ¿podría saberse cuál fue el accidente histórico?

–Puedes preguntárselo tú mismo. Estará aquí dentro de unos meses”

 

* Bárbara Kingsolver, Laguna, Bs. As., Lumen, 2011, pp. 188, 189, 190 y 191.


One Comment on “Fragmentos de “Laguna”, novela de Bárbara Kingsolver (1 de 9)”

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