Jonathan Franzen: otra “gran novela (norte)americana” (algunas reseñas y reportajes)

Leemos: “Cuando dos aviones de pasajeros se estrellaron contra las Torres Gemelas de Nueva York, Las correcciones, el libro que ubicó a Jonathan Franzen entre los grandes novelistas de su generación, llevaba una semana en las librerías. La publicación en castellano de su nueva novela, por una de esas magias del azar objetivo, coincide con el décimo aniversario de los atentados. Libertad, una fiesta narrativa de más de seiscientas páginas cuyo título sencillo no debería despistar a nadie, es una novela familiar y obsesivamente privada, pero guarda en sus sótanos una buena cantidad de cargas políticas que tienen mucho que ver con los años en que fue concebida: los años posteriores a aquel 11 de septiembre, los años de Bush y de Irak, los años en que palabras como América, patriotismo y -bueno, sí- libertad estaban en boca de todos los norteamericanos y en particular de todos los políticos. “Una de las razones del título -me dijo Franzen cuando le hablé del asunto- es mi intento por recuperar una bella palabra de manos de los estúpidos y volverla a poner en manos de quienes pueden apreciar su complejidad y su belleza.”

Pues bien, misión cumplida: Libertad es una bella y compleja exploración de un puñado de vidas íntimas cuyo problema, como sucedía en Las correcciones, es el eterno conflicto entre lo que quieren y lo que se espera de ellas. En este choque frontal se mueve la extraordinaria historia de la familia Berglund, gente de buenas intenciones e incluso de buena fortuna; gente cuya buena fortuna, junto con todo lo demás, se va al garete de manera fascinante a lo largo de unas tres décadas. Lo que Franzen nos cuenta es el auge y caída del matrimonio entre Walter, ambientalista comprometido y marido fiel, y Patty, “una alegre portadora de polen sociocultural, una abeja afable”. Todos los sospechosos habituales están presentes: el dinero, los deportes, el sexo, las drogas y aun el rock and roll , en la persona de Richard Katz, músico pospunk que prefiere ganarse el pan arreglando techos antes que comprometer su integridad artística, hombre caótico que interfiere de maneras imprevistas y calamitosas en el matrimonio Berglund. Son todos personajes (encantadoramente) confundidos, y a todos les queda de maravilla la frase que una vecina insidiosa utiliza para referirse a los Berglund: “Creo que aún no han aprendido a vivir”.

¿Cómo vivir? Libertad intenta responder a esa pregunta.”

* Es el escritor colombiano Juan Gabriel Vásquez, hoy en ADN-Cultura, elogiando la última novela de Franzen –que edita en breve Edhasa en nuestro país-.

Completo acá.

 

Y acá las notas de Radar Libros, donde además de las elogiosas también están las notas críticas a Libertad.

Acá la de Michiko Kakutani, de New York Times, traducido en la revista Ñ.

Acá la reseña del diario El País.

Acá un reportaje en El Cultural. Y acá otro, en La Vanguardia.

Finalmente, Ari Melber, en un blog de The Nation, comentando cómo Franzen, aun entendiendo la “indignación” de los “ocupas” de Wall Street (OSJ), sigue admirando a Obama –quien leyó su novela-, sin haberse decepcionado de él.



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