Furia (anticapitalista) y esperanza (burguesa)

Leemos que en el cierre de la segunda jornada del coloquio empresarial argentino IDEA, Sergio Marchionne, CEO de Fiat y Chrysler Group, dio la razón a varios analistas y dijo, como ellos, que “Vivimos la era de la furia”. Y agregó: “lo que causa consternación en la actualidad no es la crisis financiera, sino la crisis social”.

“En el mundo árabe piden mayor participación en las decisiones. En Europa, las amenazas de recortes y de beneficios sociales son la fuente del descontento. En Wall Street, los jóvenes se quejan de las fuentes de la riqueza y de la brecha entre pobres y ricos. Y los que salieron ilesos de toda esta crisis fueron los banqueros, los financistas y las bestias de los fondos de riesgos. Eso habla de una falta de responsabilidad moral de nuestras conductas”, admitió.

“Estamos demasiado cómodos y somos indiferentes a los que sufren”, dijo, y al mismo tiempo, llorando más lágrimas de cocodrilo y citando a Mandela, explicó el objetivo real tras su “esperanza” de “luchar contra la pobreza global”: “Debemos hacerlo antes de que la brecha sea tan grande que no podremos ignorarla porque pondrá en riesgo todo el sistema económico”.

Así es; en efecto: la crisis económica internacional llega a la región. Por ejemplo la FAO de la Naciones Unidas –refierida a alimentos y agricultura- dio a conocer un informe que dice que los precios de los alimentos están a su nivel más alto, las últimas tres décadas, en América Latina y el Caribe. Aumentaron los precios de los alimentos 40% los últimos 3 años. Son 52,5% de la población de la región pasando hambre. La misma FAO dice que este año 2011, 925 millones de personas pasan hambre en el mundo, mientras los “paquetes de rescate” para los bancos tienen como contrapartida la reducción de los presupuestos estatales en otras áreas.

Producto de la crisis emergen entonces los llamados “indignados”, un conjunto heterogéneo y policlasista de activistas y “ciudadanos en protesta”, que al calor de la “primavera árabe” (un proceso de lucha más radicalizada contra regímenes dictatoriales –e incluso mayor participación obrera, como en Egipto-) irrumpieron el 15 de mayo de 2011, con una serie de movilizaciones en el Estado Español. A esto se suma un nuevo proceso en Estados Unidos, donde “las acciones [del movimiento ‘Ocupa Wall Street’] encuentran eco en el hastío de las mayorías obreras y populares sobre quienes se están descargando los costos de la crisis económica. El trasfondo de las protestas son 14 millones de desocupados (más del 9% de la población) y 46 millones de personas pobres, sumado a la gigantesca brecha entre ricos y pobres que no ha hecho más que profundizarse: el 1% de la población posee más del 40% de la riqueza; el ingreso de las familias más pobres ha caído un 12% durante los últimos años mientras que los más ricos solo vieron una caída del 1,5%”.

El pasado 15 de octubre, en casi 1.000 ciudades del mundo, en 80 países, se manifestaron los “indignados”. Sólo en España, en más de 80 ciudades, donde se proclama “¡no somos una mercancía!”, se dice: “todos estamos siendo explotados y controlados por un sistema criminal, despiadado y voraz”. Está claro entonces, que hablamos de amplios movimientos progresivos; de diversas luchas que emergen contra las brutales inequidades (económicas y políticas) del capitalismo.

Sin embargo estos movimientos tienen sus límites. Al respecto, ha opinado el sociólogo polaco Zygmunt Bauman, haciendo referencia a la heterogénea composición de los “indignados”: “Las gentes de cualquier clase y condición se reúnen en las plazas y gritan los mismos eslóganes. Todos están de acuerdo en lo que rechazan, pero se recibirían 100 respuestas diferentes si se les interrogara por lo que desean”. Y junto a esto señaló que la función de estos movimientos sería el de “allanar el terreno para la construcción, más tarde, de otra clase de organización”.

(Yo considero correcto caracterizar como hace Bauman -más allá de que sea muy discutible cuán útil sea su teorización de conjunto sobre la “modernidad líquida”, que suscribe a las teorías de la “posmodernidad” y “cambio de época” (y que ha sido discutido nuestra corriente con él y otros autores aquí), que el actual proceso de “los indignados” más bien es el “anticipo” o “prólogo” de nuevos procesos de lucha y organización; procesos que ya indican el fin de la etapa de restauración burguesa -“neoliberal”- y que seguramente contará con fisonomías más “clásicas”, de participación obrera y juvenil, como en el anterior ascenso revolucionario 1968-’81).

Al mismo tiempo, intelectuales como Noam Chomsky, Eduardo Galeano y Naomi Klein –referentes e intelectuales de izquierda que acompañan e influencian a estos movimientos- suscribieron a un manifiesto reclamando un “gobierno global del pueblo y para el pueblo”: “Como los zapatistas mexicanos, hoy decimos ‘¡ya basta! Aquí el pueblo manda y el gobierno obedece’ ¡Ya basta! Aquí el pueblo manda y las instituciones globales obedecen. Como los indignados españoles, decimos ¡Democracia real ya! Democracia global real ya. Hoy hacemos un llamado a los ciudadanos del mundo: ¡Globalicemos la Plaza Tahrir! ¡Globalicemos la Puerta del Sol!”, finaliza el llamado a lo que denominan una “revolución ciudadana”.

(Incluso Naomi Klein, con optimismo –porque ahora se atacan “instituciones del sistema” como los bancos y no eventos y cumbres que comienzan y finalizan a los pocos días-, señaló algunas diferencias entre el actual movimiento en EEUU y el de 1999 nacido en Seattle, y dijo que hoy la economía capitalista está en crisis, no como a fines del siglo XX cuando había crecimiento económico. Y agrega: “es mucho más fácil conectarse con la gente de lo que era en 1999, y construir rápido el movimiento”.)

Tenemos, por lo tanto, un revival del “autonomismo” como ideología en este emerger de “movimientos de ciudadanos indignados” (ideología con la cual ya hemos polemizado acá, acá, acá y acá, y en numerosos artículos más).

¿Será posible, como dice Klein, que tengamos que luchar “contra las más poderosas fuerzas económicas y políticas del planeta”… bajo el compromiso de “la no violencia” (además sólo justificado por el objetivo de “no darle a los medios las imágenes de ventanas rotas y luchas callejeras, que tanto anhelan”)?

De conjunto, la emergencia (heterogénea) de las masas, esta “globalización de la indignación” (provocada por “la incursión del elemento catastrófico de la economía”, al decir de Gramsci), señala el temor del CEO que citábamos al comienzo de este post, de que se cuestione (y pierdan los burgueses, a manos de las luchas de las masas) “todo el sistema económico”. Pero para ello se hace necesario desarrollar la organización independiente de los trabajadores, los jóvenes y el pueblo pobre, y que ponga en pie, democráticamente, sus propias organizaciones, con un programa para que la crisis la paguen los capitalistas; es decir, para desarrollar la unidad de acción desde objetivos comunes soldando la unidad obrero-popular. Enfrentar “las más poderosas fuerzas económicas y políticas del planeta” (tanto las que emplean la democracia como “envoltura” de la explotación capitalista como los regímenes dictatoriales) requerirá mucho más que pacíficas “manifestaciones ciudadanas”, que al multimillonario Warren Buffet le cobren más impuestos, o que se celebren negociaciones entre las patronales y los dirigentes burocráticos de los sindicatos (que siempre terminan aceptando alguna variante de los planes de despidos, “ajustes” y explotación capitalista): requerirá poner en pie una organización obrera, revolucionaria e internacionalista, que se enfrente al poder real (estatal y “privado”) de las grandes corporaciones y ricos del mundo. Una lucha que tendrá que ser revolucionaria, contra las “esperanzas” burguesas de los ricos, quienes quieren mantener sus privilegios basados en la explotación y la opresión.

La crisis afecta principalmente a la clase trabajadora y a la juventud (como lo muestran los planes de ajuste y el deterioro social en/de Grecia, España –hoy con huelgas docentes y encuentros de trabajadores “indignados”-, Italia, Inglaterra, los propios EEUU y, como ya se comienza a ver, en nuestro continente). Está en nuestras manos –cada vez más urgentemente- poner en pie una organización a la altura de los combates planteados. Una organización para luchar y vencer.


2 comentarios on “Furia (anticapitalista) y esperanza (burguesa)”

  1. tigraaerea dice:

    El tema del morfi en la Argentina es bastante alarmante. En España, en Italia, se come por la misma guita que en el 2003, 2004…. Coincido con vos y con Bauman, esto acaba de empezar, ya en todas partes, y es el prólogo… no sé de qué… Ahora se construye rápico un movimiento. No convengo en absoluto en luchar: bajo el compromiso de “la no violencia”. Saludos. Muy buena condensación. Porqué requieren mi mail para publicar respuesta, si ya recibo los posts? Porqué están todos tan moderando…? Edita nomás

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