Acerca del peronismo en coyunturas históricas decisivas

Se armó discusión con el post sobre Perón en El diablo se llama Trotsky. Ya hubo varias intervenciones, a favor y en contra –que seguirán desarrollándose ahí-; pero acá quería tomar el consejo que me dio el camarada Facundo Aguirre de discutir, más que un discurso de Perón (en este caso, uno previo a su llegada a la presidencia) o una definición genérica (gobierno burgués bonapartista sui generis “de izquierda” –por su apoyo sobre las masas para ofrecer algún grado de resistencia a las presiones imperialistas-) –cosas que igualmente Facundo está de acuerdo en hacer-, “los puntos fuertes” de la defensa peronista. Esto es, la posibilidad de pensar y proponer al peronismo como “un frente nacional” (como decía John W. Cooke), como un fenómeno progresivo: uno que luchó –y lucha(ría)- contra “los gorilas” y hasta “contra el imperialismo” (o, en el lenguaje kirchnerista actual “contra las corporaciones”).

 

Y esta no es una discusión baladí. Pensar el accionar de Perón y su corriente política en la vida nacional, especialmente ante los hechos de 1955 y 1976 –donde la nación (la nación obrera y popular, quiero precisar) fue aplastada por la reacción burguesa-imperialista- nos permitirá dos cosas: situar históricamente al peronismo en el devenir histórico, sumando a esto una valoración política desde el punto de vista de los intereses de los trabajadores y el pueblo; y por otro, pensar entonces cuánto puede tener realmente de progresismo (o progresivo) el peronismo hoy, en su versión kirchnerista-cristinista.

 

Veamos estos dos antecedentes históricos: 1955 y 1976.

1955: Perón, el 13 de junio, dio un discurso donde pidió “calma y tranquilidad” contra la reacción oligárquica-clerical. Les dijo a los trabajadores: “Como una conducta general es necesario recordar la consigna de las horas de vigilia y observación: del trabajo a casa y de casa al trabajo”.

Y también: “Nosotros somos serios y somos responsables”

En el mismo mes decía por el periódico Democracia que se estaba “en la hora de la tranquilidad constructiva”.

La cuestión es que la reacción atacó y ese “frente nacional” nunca existió: el clero, viejo aliado del primer gobierno peronista, se había pasado a la oposición activa; sectores del ejército actuaron; y los terratenientes y otros sectores burgueses fueron los promotores del golpe. Y la clase obrera entonces quedó sola resistiendo varios lustros.

El “general” –que promovía la paz y la concordia con la reacción burguesa, y llegaba a reconocer (sólo verbalmente) la necesidad de que el pueblo empuñara las armas contra ella- huyó en una cañonera paraguaya y dijo poco después, medrosamente, a un corresponsal de la United Press: “Las probabilidades de éxito [de lucha] eran absolutas, pero para ello hubiera sido necesario prolongar la lucha, matar a mucha gente, destruir lo que tanto nos costó crear. Bastaría pensar en lo que habría ocurrido si hubiera entregado armas de los arsenales a los obreros decididos a empuñarlas” (publicado en El Día, de Montevideo, el 5 de octubre).

 

Es decir que Perón no quería arriesgarse a romper algo que le “costó crear”: el frente popular en forma de partido (justicialista) que conciliaba (y desarmaba, literalmente) a los trabajadores en su lucha contra los capitalistas y reaccionarios. Por eso no armó a los obreros, les dijo que tuvieran calma y paciencia… y al final vino el golpe. 400 muertos esa jornada y el inicio de una dura lucha obrera clandestina (la “resistencia”) que duraría 18 años, contra la oligarquía gorila antiobrera.

 

Y esto lo desarrolló la clase trabajadora motu proprio, en defensa de sus condiciones de vida –y soportando el colaboracionismo de la burocracia sindical-. En las palabras del propio Perón, había que “desensillar hasta que aclare”. Los trabajadores sufriendo y luchando, la burocracia pactando con el régimen militar, y el líder burgués descansando y preparando nuevas trampas.

 

Al mismo tiempo que la resistencia obrera a la dictadura y la juventud se radicalizan, pega un salto en 1969 y se hace el Cordobazo y demás “azos” en otras provincias, Perón, como líder reconocido entre los trabajadores, negocia desde España con la dictadura, promoviéndose como el único árbitro-bonaparte capaz de lidiar con la clase trabajadora y la juventud radicalizados. Ahí está el GAN y el Pacto social, donde la burocracia sindical se mantiene –bajo la anuencia de Perón- socia del régimen militar, mientras se estudia la posibilidad de que Perón vuelva.

 

La persistencia de la lucha obrera junto al fenómeno de los clasismos; la radicalización de la juventud, que se hace guerrillera en Montoneros y en otras expresiones como el PRT, lleva a que la burguesía y los militares intenten una “apertura democrática” terminando con la proscripción política del peronismo. Gana Cámpora y luego Perón retorna al país y gana en nuevas elecciones la presidencia por tercera vez. Como dijo el burócrata sindical –hoy reivindicado por la Juventud Sindical de Moyano Jr.- José Ignacio Rucci: “Perón se fue del país para evitar un baño de sangre; y fíjese cómo se escribe la historia: tiene que volver al país para evitar un baño de sangre”.

Pero esto no fue así. El mismo Perón promocionó y armó desde España un “somatén”, llamado acá Triple A, con el objetivo de “poner en caja” a los jóvenes radicalizados, y de asesinar a los dirigentes obreros combativos y clasistas. Ezeiza, la expulsión de Plaza de Mayo de los “estúpidos” e “imberbes” dejan en claro la elección política (y proyecto) de Perón: no los trabajadores y la juventud, sino la burguesía y la burocracia sindical mafiosa y asesina.

 

El baño de sangre, entonces, no se evitó; aún antes de 1976, cuando ya actuaba la Triple A.

Tras la muerte del líder, y con un movimiento obrero combativo, que tiró abajo en las jornadas del Rodrigazo los brutales planes de ajuste económico, y que se organizaba e las Coordinadoras interfabriles de norte, sur y oeste, López Rega e “Isabelita” fueron nada más que un prólogo derechista –¡defendido por el maoísta PCR!- al advenimiento de la Junta Militar de Videla y cía. La única política para las clases dominante que podía cortar de cuajo la insubordinación general entre la clase trabajadora y la juventud –en este momento de escisión, para decirlo en términos gramscianos- que se produjo desde 1969 y aún más con los hechos de junio y julio de 1975, con el primer paro general contra un gobierno peronista.

 

En definitiva, como expresa el libro escrito por el mismo compañero Facundo y Ruth Werner (un gran libro que tardó 6 años en escribirse, con más de 500 páginas y que incluye decenas de reportajes a protagonistas de los ’60 y ’70 y cientos de fuentes más, entre revistas y libros teóricos, periodísticos e históricos), Perón fue la penúltima carta para contener la insurgencia obrera que, desde 1969 con el Cordobazo, se desarrollaba impetuosamente en pos de su independencia política. Muerto el líder, en el marasmo económico internacional –la crisis de 1973-’75- y con el ascenso obrero, la burguesía se define por una salida o tour de force: el golpe militar. La clase trabajadora, dispersa, sin unidad (dirección) política y separada de aliados como la juventud o sectores de clase media humildes (es decir, sin proyecto hegemónico), será la principal víctima del golpe reaccionario y pagará las consecuencias, producto de la política peronista.

 

¿Y hoy? El peronismo versión kirchnerista-cristinista ofrece/promete lo mismo: hacer un “frente nacional”, de obreros y patrones –aunque estos últimos siempre salen perdiendo si pensamos en el salario siempre por debajo de la inflación, pensamos en el trabajo precario y en negro; y comparamos todo esto con las millonadas que están ganando los bancos y las empresas privadas, extranjeras o “nacionales”-.

A esto hay que agregar que, en todos los discursos de los últimos meses, la presidenta se la pasó diciendo que los capitalistas deben obtener buenas ganancias, al mismo tiempo que los trabajadores deberían abstenerse de luchar, de ejercer la acción directa en pos de sus derechos y reclamos (salarios, condiciones más dignas de trabajo, evitar despidos, etc.). ¿Entonces quién gana en esta transacción que “regula” el peronismo y quién pierde?

Y esta derechización del gobierno nacional se ve tanto en sus “armados” y alianzas electorales y de gobierno (Insfrán, menemistas como Scioli, menemistas como Menem y su cía. riojana, burócratas mafiosos y asesinos como Moyano y Pedraza, neoliberales como Boudou, oscuros represores como Aníbal Fernández y cía., etc.) como en sus acciones (represión en el Indoamericano junto a la policía de Macri -y las denuncias previas de Schoklender-, represión a los docentes santacruceños en Capital; represión y persecución a los petroleros de Las Heras).

Es que, como dijo (o admitió) el bloguero oficialista rosarino Mauro Rynaldi: “todos sabemos que para el Gobierno hay mafiosos buenos y mafiosos malos”.

Y, además, el plan de militarización y fortalecimiento del aparato represivo, como es el operativo “cinturón sur”, donde se han enviado más de 2000 gendarmes y prefectos a la calle, y más policías de la zona sur al resto de la capital. Como ha dicho la ministra Garré, esto no sería una medida (ofensiva y reaccionaria) del gobierno sino que respondería a “lo que pide la gente”… ¿pero éste no era el discurso derechoso de las Susana Jiménez y Mirtha Legrand, de los Macri, Carrió, Duahlde y López Murphy? Ahora los afiches del candidato progre-cristinista capitalino Filmus dice “vóteme, por más seguridad”.

En síntesis, el “proyecto peronista”, desde su nacimiento, es un proyecto funcional a la explotación capitalista (donde sus políticos “profesionales” son todos millonarios), impotente para luchar contra el imperialismo y sus golpes (económicos y militares) reaccionarios; y menos que menos para obtener la famosa “justicia social”… justicia que debería ambicionar algo más que un demorado –tras ocho años de crecimientos récord- “fifty-fifty”: para nosotros pasa por luchar para que la clase obrera se eleve al plano político-revolucionario, independiente de toda variante capitalista, en pos de que no haya más explotación asalariada, ni en Argentina ni en el mundo. Zanon da el ejemplo de que se puede.


One Comment on “Acerca del peronismo en coyunturas históricas decisivas”

  1. […] Perón, ¿era anti imperialista? En su primer mandato, se demuestra como a nivel internacional en la lucha interimperialista entre un EEUU que  se consolidaba como poder imperial y la decandente Inglaterra, el peronismo como árbitro internamente, se acostaba en esas contradicciones y se apoya en inglaterra vs EEUU, para negociar en mejores condiciones.  post golpe del ’55, donde EEUU estuvo detrás del mismo, Perón cobarde huye permitiendo la masacre del pueblo trabajador en Plaza de Mayo.( Sobre este punto puede leer de un Blog amigo, acá). […]

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