Ernesto Sabato: escritor y autor de “los dos demonios”

A modo de obituario

A los 99 años falleció el escritor Ernesto Sabato, autor de las reconocidas novelas El túnel, Sobre héroes y tumbas y su continuación Abaddón, el exterminador. Dejó también una larga serie de libros con ensayos y conversaciones acerca de diversos tópicos y ahora se promueve, posmortem, una cantidad de valoraciones positivas y negativas (en los diarios, suplementos culturales y blogs), habida cuenta de su accionar en la arena pública. ¿Qué se está haciendo con el escritor que, como señaló el crítico Noé Jitrik, “perteneció a ese núcleo o pelotón encabezado por Borges”[1]? Confusiones, amalgamas, cruces entre literatura y política, tal como se hizo los últimos meses con la visita de Mario Vargas Llosa, escritor y neoliberal que habló en la apertura de la Feria del Libro; y con la muerte de David Viñas, escritor, ensayista e “intelectual crítico no-oficialista”[2].

Con Sabato se plantea ahora, en general, que es valiosa la obra literaria que deja; cuestión que escamotea su trayectoria y acción políticas. Y, quienes sólo se han referido a su rol político, señalan su error de haber almorzado con Videla (junto a Borges y dos escritores más), pero lo matizan con un “compromiso por la democracia” posterior.

Los políticos burgueses opositores al gobierno nacional (Julio Cobos, Hernán Lombardi, Ricardo Alfonsín) le hicieron huecos homenajes tras su muerte: generalidades vacías de contenido. El ministro nacional de Educación, Sileoni, habló del “aporte que hizo a la democracia” y lo llamó “defensor de los derechos humanos”[3]. Y el intelectual oficialista Horacio González (de Carta Abierta y director de la Biblioteca Nacional) también destacó a Sabato como alguien “de una alta tradición humanística”[4], absolviéndolo de la entrevista con el personero de la dictadura. En otro artículo necrológico González explicita esto diciendo: “La muerte, gran compañera, siempre da una oportunidad a los seres ambiguos”[5]. En realidad, la “oportunidad” se la da él, manteniendo esa “ambigüedad” para con el escritor finalmente afincado y fallecido en Santos Lugares.

En esta nota dejaremos a un lado la obra literaria de Sabato[6] y nos concentraremos en los dos momentos más conocidos de su trayectoria: su almuerzo con Videla y su papel en la “apertura democrática” en 1983.

Según consignan varias fuentes[7], en plena dictadura (1976-’82), Sabato declaró a la salida de un almuerzo con Videla: “Es imposible sintetizar una conversación de dos horas en pocas palabras, pero puedo decir que con el Presidente de la Nación hablamos de la cultura en general, de temas espirituales, culturales, históricos y vinculados con los medios masivos de comunicación”. “Hubo un altísimo grado de comprensión y respeto mutuo. En ningún momento el diálogo descendió a la polémica literaria o ideológica”. Y más: “El general Videla me dio una excelente impresión. Se trata de un hombre culto, modesto e inteligente. Me impresiono la amplitud de criterio y la cultura del presidente”. En 1978 Sabato dirá en un artículo en la revista alemana Geo: “La inmensa mayoría de los argentinos rogaba casi por favor que las Fuerzas Armadas tomaran el poder. Todos nosotros deseábamos que se terminara ese vergonzoso gobierno de mafiosos”.

Años después, Osvaldo Bayer[8] señalaría lo acomodaticio del escritor; cuestión que queda patente cuando, como parte de la “transición a la democracia” (una transición pos-contrarrevolucionaria[9] tras la masacre de la vanguardia obrera, juvenil y popular) Sabato jugó un papel sumamente importante, como prologuista al informe de la CONADEP, luego conocido como Nunca más. Allí estableció la llamada “teoría de los dos demonios”, que equiparó al “demonio guerrillero” (subsumiendo la insurgencia obrera bajo la imagen única de organizaciones guerrilleras como actor excluyente de la etapa revolucionaria 1969-‘76) con el “demonio militar” (quien detentaba el poder del Estado en pos de defender la explotación capitalista). Escribió allí: “la Argentina fue convulsionada por un terror que provenía tanto desde la extrema derecha como de la extrema izquierda”. Gracias a este servicio al Estado, el gobierno “democrático” de Alfonsín condenó como “iguales” a los líderes de la organizaciones guerrilleras con los jefes de la Junta Militar.

Sabato fue entonces el demiurgo, desde su rol de escritor e intelectual, de un planteo que sería la base de la impunidad de los militares genocidas durante los ’80: las leyes de “Obediencia debida” y “Punto final”. Leyes que, cabe aclarar, nunca fueron cuestionadas por el peronismo –quien le dio continuidad con los indultos menemistas la década siguiente-.

Hoy, los blogueros peronistas y kirchneristas han criticado a Sabato –por motivos varios, y por ser autor de la “teoría de los dos demonios”- en varios posts; pero sólo por oportunismo político, ahora que el gobierno nacional pretende hacer una “épica” pro derechos humanos. Hoy hay apenas 200 condenas efectivas a los genocidas (habiendo funcionado casi 500 centros de detención y tortura en el país), mucho se oculta de la complicidad civil con el golpe y se persigue y enjuicia a los luchadores obreros, juveniles y populares (son más de 4.000). Así como se encubre el rol de Sabato en la dictadura y en la “transición democrática”[10], los kirchneristas se encubren con discursos “nac&pop” y “por los derechos humanos”, para fortalecer al Estado (y sus fuerzas represivas) y mantener la democracia capitalista. Una democracia para ricos.

Sabato fue entonces, además de escritor, un intelectual reconocido, que brindó sus servicios al Estado y al gobierno de turno. En este caso, dando letra para garantizar una impunidad que hoy se mantiene. No por nada la oligarquía del diario La Nación defendió a Sabato en 2006 de la “censura” que sería la idea de que se modificara –o agregaran aclaraciones a- el prólogo del Nunca Más.


NOTAS:

[1] Página/12, “La obra de ficción y la del ensayista”, 2/5/11.

[2] Ver en números anteriores de La Verdad Obrera: “En ‘carta cerrada’ no entran moscas”, “Escriba se busca, co o sin prurito”, “¿Se reunifica el conformismo?” y “Un discurso y muchos silencios”.

[3] Página/12, “Las voces del arco político y social”, 1/5/11.

[4] Página/12, “‘Era una voz de una alta tradición humanística’”, 30/4/11.

[5] Pagina/12, “Sobre la tumba de Sabato”, 3/5/11.

[6] Una obra que caracterizo como de un “humanismo dark”, mezcla de las influencias de Dostoievsky, Sartre y Camus; y por ello, eficazmente interesante, atrayente para adolescentes y jóvenes, ya que apunta a las regiones más sensibles de la conciencia humana. En sus planteos, más bien metafísicos o idealistas, y en sus personajes (formalmente coloquiales –todo un avance de la literatura argentina en las décadas de 1940 y 1950-), encontramos una angustia existencial

[7] Martín Caparrós y Eduardo Anguita, La voluntad, tomo III; Eduardo Blaustein, y Martín Zubieta, Decíamos ayer, la prensa argentina bajo el proceso, Buenos Aires, Colihue, 1998, p. 126; La Nación, 20/1/76.

[8] El País, “‘Sábato nunca se la jugó por nada’”, 07/10/04.

[9] Ver Laura Lif y Juan Chingo, “Transiciones a la democracia. Un instrumento del imperialismo norteamericano para administra el declive de su hegemonía”, en revista Estrategia Internacional N° 16.

[10] Dice González en la nota ya citada, absolviendo nuevamente al Sabato del Nunca Más: “hoy podemos decir que esos hechos formaban parte de una investigación también sobre sí mismo (‘sus demonios’, ‘sus fantasmas’), en la lucha por esclarecer sus propios vaivenes de hombre atormentado”.



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