Affaire Vargas Llosa: ¿Se reunifica el conformismo?

La intelectualidad y el affaire Vargas Llosa

Por Ariane Díaz y Demian Paredes

En el artículo de Vargas Llosa “Piqueteros intelectuales” (La Nación, 13/3), el neoliberal ex izquierdista se alegra de coincidir con la presidenta que ordenó “retirar” la carta de “censura”[1], y da su visión de la política latinoamericana en clave del cliché “civilización o barbarie”. Criticando al populismo, acusa a la intelectualidad K de un “nacionalismo primitivo”. De sus dichos, lo más insólito es quizás que busque correr “por izquierda” a los intelectuales K recordándoles el internacionalismo del Che Guevara. Aleccionando, también opone a este supuesto nacionalismo “una izquierda genuinamente democrática” que se habría encarnado en Chile, Brasil y Uruguay, donde ex izquierdistas renunciaron “no sólo a sus tradicionales convicciones revolucionarias” y aceptaron “la alternancia en el poder, el mercado, la empresa y la inversión privadas, y las instituciones formales que antes llamaban burguesas”. El Nobel sigue pifiando: los gobiernos K fueron aliados en todos esos puntos de los gobiernos de Bachelet, Lula y Mujica, y los intelectuales K hace rato han aceptando los valores de la institucionalidad burguesa. Que pagar puntualmente a los organismos multinacionales y mandar tropas a Haití pueda llamarse “nacionalismo”, o que los intelectuales que vienen tragando estos sapos sean considerados “de izquierda”, muestra tanto el derechismo de Vargas Llosa como la adaptación de los intelectuales K, y no los intereses de quienes efectivamente pierden en esa ecuación: los trabajadores y el pueblo son los que soportan la “barbarie” capitalista.

Pero por si quedaban dudas, en lo últimos meses el gobierno de Cristina ha girado a la derecha en sus alianzas, en sus políticas (seguridad, buenos negocios, amenazas a la acción directa) y en su discurso (como el de la apertura de la Asamblea legislativa); los intelectuales K no han estado haciendo más que cubrirle sus espaldas en ese giro. La referencia a los intelectuales K como piqueteros[2], a la que nos referimos la semana pasada, sería casi graciosa si no fuera porque el gobierno no sólo ha amenazado a quienes recurran a la acción directa para defender sus derechos: ha metido sendas causas judiciales a decenas de luchadores, avanzando en la represión, policial o judicial, de la protesta social.

En respuesta, terminada la penitencia que le impuso la presidenta y fortalecido con el apoyo de distintos intelectuales que reivindicaron el derecho a criticar al neoliberal, González escribió a Vargas Llosa[3]. Aclara que “no intentaba dar ninguna indicación a las autoridades de la Feria contrapuestas a la presencia” del Nobel, sino a seguir “interpretando la inauguración como el espacio de la voz de escritores”, aunque su “primera carta se prestaba a interpretaciones de diversa intencionalidad”. Haciendo gárgaras con Alberdi, Sarmiento, Borges, Jauretche y más, discute contra Vargas Llosa que quiere “confundir a las buenas conciencias sobre los gobiernos populares que usted busca debilitar”.

El contraataque de González muestra incluso así qué tibio es un intelectual que se pretende crítico pero trabaja de excelso degustador de sapos. Su carta inicial no tuvo que ver con un ataque al neoliberalismo, sino con la defensa por las críticas a su gobierno; algo que le indigna más que la continuidad de funcionarios y armados políticos que se mantuvieron desde el menemato hasta los K. Es González y los intelectuales K los que confunden sobre las políticas de lo que llaman “gobiernos populares”, encubriendo con palabrería de izquierda los giros a derecha.

Pero, ¿no era no sólo legítima sino necesaria la disputa política e ideológica con semejante representante de la derecha? Tibias excusas y mínimas defensas. Todo el affaire Vargas Llosa no hace más que dejar en evidencia que los integrantes de Carta Abierta, que se vanagloriaron de apoyar este gobierno en lo “bueno” y criticar lo “malo”, no sólo no critica al gobierno sino que ya no puede, en virtud de sus compromisos, ni siquiera criticar a un neoliberal declarado. Lo impide la “razón de Estado sin más”, de la que González quiso separarse cuando muchos fanáticos K la esgrimían para tapar nada menos que la muerte de Mariano Ferreyra a manos de la patota de Pedraza (aliada al gobierno aunque éste ahora le haya soltado la mano).

Esos compromisos con la “razón de Estado” son los que criticara el fallecido Viñas, cuya figura, sin embargo, la intelectualidad progre parece estar tratando de usar para reunificarse después de años de disputas entre oficialistas y opositores. En el acto homenaje en la Biblioteca, González se preguntaba si tal escenario sería del agrado de Viñas, a lo que muchos contestaron “no” porque el desaparecido escritor no era afecto a los homenajes y pompas. Pero seguramente el escritor tendría motivos más importantes para ese “no”: que su figura, reivindicada por “polémica”, “comprometida”, “de izquierda”, fuera utilizada para que el homenaje se convirtiera en un acto político de reunificación de la intelectualidad progresista y acomodaticia tras las banderas de un nuevo conformismo. Que tal reunión pueda significar un aporte al pensamiento crítico, a las causas justas y a un proyecto de liberación latinoamericano, es lo que la mojigatería intelectual de Carta Abierta acaba de negar en todo el affaire Vargas Llosa: a lo sumo conseguiremos un berrinche en una mesa de feria. Más probablemente, sólo están adobando nuevos sapos que prepara Cristina para tragar.

Una nueva juventud militante y una intelectualidad que se ubique del lado de los que efectivamente pagan las consecuencias de la derrota de la dictadura y el neoliberalismo, tendrá que hacerse no a la vera de esta intelectualidad sino en disputa con ella.


NOTAS:

[1] Analizamos este debate en las dos ediciones anteriores de este periódico (“En ‘carta cerrada’ no entran moscas“, y “Escriba se busca, con o sin prurito“).

[2] El “ataque” del que habla Vargas Llosa fue una manifestación en repudio a un “seminario” que reunía a derechistas latinoamericanos como Roger Noriega, Aznar, Fox y Macri. No fue llamada por una agrupación cercana al gobierno sino por partidos de izquierda y organizaciones sindicales no alineadas con el mismo. Los “incidentes” comenzaron cuando el micro que transportaba a varios asistentes al seminario se metió entre los manifestantes.

[3] “Largas a Vargas”, Página/12, 14/3.

 

* Esta nota apareció el día de la fecha en La Verdad Obrera, semanario del PTS.

 



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