Indignación (acerca de las “remeras machistas”)

Furia, bronca, desazón, estupor. Asombro. Son algunas de las cosas que a uno le surgen cuando se entera que en las principales ciudades del país (La Plata, Córdoba, Mar del Plata) se comercializan remeras con mensajes machistas, violentos y degradantes. (Se podrían hacer largas y profundas disquisiciones sobre la cultura, el patriarcado, lo simbólico y las subjetividades en el “nuevo siglo”. Pero preferimos comentar brevemente el asunto y que se expresen más opiniones en los comentarios.)

Que a la mujer hay que pegarle para que no hable; que hay que ponerle el cinturón de seguridad del auto… en la boca; que su cabeza puede ser “de uso exclusivo” como pelota de fútbol (pasión varonil si la hay…), o directamente que las iniciales de “esposa” (wife) indican cómo satisfacen (las mujeres) las necesidades del hombre…

“No me explico cómo alguien se las pone, o las compra, la fabrica o la exhibe impunemente en una vidriera del centro, o de cualquier parte de una ciudad”, dijo el abogado de DDHH que descubrió esto y lo difundió. Más lamentable aún fue lo que respondió la mujer encargada del comercio mayorista de estas remeras: “Es una remera muy graciosa, nada más. No incentiva la violencia contra las mujeres: incentivar la violencia es lo que hace el boxeador La Mole Moli por televisión, que dice que le pega a su esposa y lo sigue todo Córdoba y el país. Al lado de eso, nuestra remera es una flor”.

(Lamentablemente es cierto esto: el bailador triunfante del programa de Tinelli admitió haber tenido “problemas con el alcohol” y ser “agresivo” con su pareja. Su mujer en vez de denunciarlo y separarse, lo siguió “bancando”, como “soporte”, a este ex guardaespaldas de otro exponente mediático del machismo y el sexismo: Ricardo Fort).

Por supuesto que tanto esta empresa fabricante como los mismos facho-mediáticos se merecen todo nuestro repudio (¿algún escrache?). Este hecho escadaloso de las remeras machistas representa, simbólicamente, lo que ocurre en la realidad… Simbología, actitudes y expresiones machistas, abiertas o sutilmente, están en todos lados. Incluso presiona, se “filtra” –inevitablemente-, dentro las organizaciones revolucionarias.

Por ello también cabe una reflexión acerca de cuánto reproducimos y/o podemos combatir, dentro de las propias filas de los militantes marxistas, los trabajadores y la juventud combativa, todas estas miserias consustanciales al sistema capitalista, funcionales a la explotación, la opresión y la dominación burguesa. Miserias que más o menos, consciente o inconscientemente, se pueden (y suelen) reproducir entre los militantes de organizaciones revolucionarias.

Ya que, como planteara nuestra compañera, dirigente del PTS y de Pan y Rosas, Andrea D’Atri: “Parafraseando a Marx, podemos decir que no puede liberarse quien oprime a otros.

Los revolucionarios y revolucionarias peleamos por una nueva sociedad, cambiando de raíz el sistema capitalista, patriarcal y opresor (lo que permitirá que surjan nuevas generaciones, mejores, de hombres y mujeres). Pero también promovemos desde hoy, en el presente, en la vida y la militancia cotidiana, y en las luchas, la solidaridad y el respeto mutuo, las relaciones fraternas y la abnegación y esfuerzo militantes, como condición necesaria para ser más fuertespara poder luchar contra el sistema.

 



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