Ricardo Zelarayán: un comentario/recordatorio tras su muerte

Triste noticia: falleció ayer el poeta y escritor entrerriano Ricardo Zelarayán, nacido en la década del 1920 (algunas versiones proponen como año exacto 1922).

Aquel que entrevistara –según dijo- durante siete horas a otro grande, Juan Filloy, nos dejó ayer, con un puñado de libros y una obra enorme inédita –y otra perdida y otra destruida-.

(Algunos textos suyos pueden conseguirse por internet –incluso algunos poemas leídos por él mismo-).

Haremos a continuación algunos breves comentarios y reproduciremos algunas opiniones del escritor que nos parecen sumamente interesantes.

De lenguaje llano y directo, de metáforas plenas de cotidianeidad y otras sorprendentes, que combinan las manifestaciones de la naturaleza con la intimidad lírica, Zelarayán perteneció –tal vez no por elección- a esa clase de escritores llamada “secretos” (como Mastronardi, Luis Franco y el mismo Filloy), de reconocida labor literaria e influencia en nuevas generaciones de poetas… y de pocas ventas y difusión en el “establishment cultural”; cuestión que lo tuvo sin cuidado, ya que por eso criticaba al “sistema literario”, mercantilizado por la tiranía de la ganancia empresaria. Decía en un reportaje –hace ya una década- sobre su “no-profesionalización” como “escritor” y el “no publicar regularmente”: “Para merecer el título de escritor hay que publicar un libro cada dos años, cosa que yo no he hecho y no creo que pueda hacer jamás. Claro, esa es la burocracia de la literatura. Yo pienso que se escribe porque hay ganas de escribir, y resulta que si a uno no le interesa lo que está escribiendo evidentemente, chau. Es el único privilegio del escritor: ser el primer lector”.

En su primer libro publicado, La obsesión del espacio, señalaba con (livianas) ironías el desconocimiento del porteño respecto al interior del país y su lenguaje. Por ejemplo esto se lee a poco de comenzar el poema “Un sueño de día”:

El día lanzó puñados de cardenales

rojos y amarillos

sobre las cuchillas

(colinas, pa que entiendan los porteños)

cuchillas sin filo,

redondeadas,

pero a un pelo de la sangre…

Y también establece “aclaraciones” –como parte del juego poético- con otros “lenguajes”, con las palabras, como cuando dice en “Sin tregua”, también de La obsesión del espacio: y una etiqueta pegada en el lomo que dice asno / (porque está en España)

Volviendo al tema porteños/provincianos, Zelarayán decía al respecto en el mencionado reportaje: “Aborrezco a los gauchos, yo no sé de dónde sacan que soy gauchesco o neogauchesco. Del caballo: hay un caballo y ya sos un gaucho. Y yo hablo de la piel de caballo, la piel sísmica, porque de chico me gustaba esa piel, como se mueve para espantar moscas. Es un recuerdo de mi infancia. Claro, pero como aparece un caballo ya es un gauchesco. ¡Pero hay que ser boludo! Y como soy provinciano, los porteños creen que nací en el campo”. Y sobre este “racismo”, agregó que se da “Fundamentalmente en Buenos Aires. El término ‘cabecita negra’ se inventa acá. Eso fue cuando aparece en el centro de Buenos Aires una mayoría mestiza. Y con respecto a los escritores, aquí a nadie le interesa lo que se pueda hacer en el interior. Y no hay nada que hacer: el tipo que está en el interior, que no tiene lector, que sólo tiene lectores lugareños, siente que lo que escribe no es para nadie. Acá en Buenos Aires hay una ignorancia total de lo que pasa en el interior”.

Todo un trasfondo social en su escritura, y una concepción crítica del presente se encuentra en Zelarayán: “hay una novela mía, se llama Una madrugada, perdida (lamentable: ya no se puede hacer otra vez) que habla de la vida nocturna en Buenos Aires. Habla de la gente que a la mañana muy temprano se levanta a trabajar mientras los otros vuelven de la farra nocturna, durmiéndose en el colectivo. Y esa novela quedó inconclusa. Son todas novelas colectivas, como La piel del caballo. Es una especie de coral. […]

-Usted utiliza permanentemente en su obra elementos populares, proletarios.

-Sí, efectivamente. Aquí en la ciudad se nota más. Aquí la clase media está mucho más pegada a la alta burguesía, a los poderosos en general”.

Según Germán García –en un texto autobiográfico aparecido a inicios de la década de 1990– Zelarayán permanecía, a inicios de la década del ’70, ajeno a las modas y “escuelas literarias” de entonces, incluyendo al “populismo” que surgió con la elección de Cámpora en 1973. Estaba, dice García, “solo”: “se reía de los grupos y de los escritores, de los que andaban con Pavese y de los que citaban a Bretón, de los que admiraban a Kerouac y de los que suspiraban por los franceses. Ricardo Zelarayán era un solitario, un poco mayor que los de mi edad, que cultivaba su particular manera de existir. Había leído antes lo que nosotros leíamos”. Fue partícipe también de la revista Literal.

Respecto a “la parodia en la literatura”, opinó: “La parodia me parece una estupidez total. La parodia de la gauchesca, eso no me interesa para nada. Es terrible, lo paródico es lo peor que puede haber. Además la parodia está totalmente de acuerdo con Fukuyama. La parodia encaja perfectamente con la posmodernidad, en el sentido de que, como ya está todo hecho, lo único que cabe es la desacralización de los modelos. Es un disparate”.

Ahora, tras su muerte, queda, como las hormigas que buscaban la miel en la guitarra de Hermenegildo, que nosotros también busquemos esa dulzura, esa picardía inteligente (sorprendente) de Zelarayán, de la boca de su guitarra cantora de poemas, novelas y relatos.


2 comentarios on “Ricardo Zelarayán: un comentario/recordatorio tras su muerte”

  1. Alejandro Roberto Sanguinetti Zelarayán dice:

    Como “algunas versiones”????? Ricardo es mi tío materno, y nació el 21 de octubre de 1922 en Paraná, Provincia de Entre Ríos.

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    • Alejandro: te agradezco la data exacta, viniendo de quien viene.
      Puse en el post -justamente- “algunas versiones” porque en internet hay varios años distintos, e incluso una publicación como la poesía reunida de RZ, Ahora o nunca, editada por Argonauta (Bs. As., 2009), dice en la solapa “Ricardo Zalarayán nació ‘a mediados de la década del veinte’ en Paraná…”, etc.
      Fijate incluso que el “a mediados de la década del veinte” (o sea: entre 1924-1926, se sugiere) están entrecomillado, y sin especificación de a quién se cita; pero es dable a entender que es un dicho (o escrito) del mismo autor del volumen RZ…

      Como sea: te agradezco nuevamente el dato exacto del año 1922.

      saludos,
      DP

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