El pincel, la ametralladora y la historia

Acerca del mural restaurado y David Siqueiros

La presidenta Cristina Kirchner acaba de “inaugurar” junto al derechista presidente Felipe Calderón, en el edificio de la Aduana Taylor (el flamante Museo del Bicentenario), el mural del mexicano David Alfaro Siqueiros. Este mural se encontraba abandonado (y deteriorado) en los sótanos de la quinta de Natalio Botana, donde se realizó originalmente. Fue en el año 1933, y colaboraron para realizar Ejercicio plástico (una suerte de “anticipo-propuesta” del revolucionario e impetuoso muralismo mexicano para los artistas plásticos locales) varios pintores argentinos –algunos ligados al stalinista PC-, entre ellos Antonio Berni, Castagnino, Lázaro y Spilimbergo. La obra recién se exhibirá al público entre marzo y abril del año próximo.

Siqueiros es, junto a Diego Rivera y José Clemente Orozco, representante del imponente muralismo mexicano, hijo de la revolución de 1910 y de la unión de los artistas con los sindicatos, partidos de izquierda y sectores populares, durante las décadas de 1920 y 1930. Un gran momento histórico de unión de arte y política…. y hoy, de usufructo del patrimonio cultural por parte de la (hipócrita) diplomacia y los “eventos” de los políticos patronales.

“Siqueiros une a nuestras naciones”, dijo Calderón. Y Cristina que, “entre esos años” (los 200 de historia argentina) ahora “estará Siqueiros”. Pues bien: si este hombre estará “en nuestra historia”, conviene conocerla completa, sin omitir detalles.

Porque el artista dirigió del primer atentado contra León Trotsky en 1940. Así lo relata –“comprimidamente”- el historiador francés especializado en Rusia, Jean-Jacques Marie: “En la noche del 24 de mayo, hacia las 4 de la madrugada, una veintena de hombres disfrazados de policías mexicanos amarran a los policías auténticos, instalados en el puesto de guardia que linda con la villa de Trotski, y dos de ellos han sido alejados del lugar por un par de muchachas seductoras. David Siqueiros, miembro del Partido Comunista mexicano, y Iósif Grigulevich, dirigente de la NKVD [los servicios secretos stalinistas, NdR], encabezan el grupo de atacantes. Poco antes, Grigulevich ha entablado relación con uno de los custodios de la villa, el joven trotskista estadounidense Sheldon Harte. Cuando aquél golpea a la puerta, Harte, de guardia esa noche, le abre. Los asaltantes irrumpen en la villa al grito de ‘¡Viva Almazán!’ (apellido de un general derechista, candidato a la presidencia) para imputar el ataque a la derecha mexicana. Arrojan granadas incendiarias en varias habitaciones, entre ellas el lugar donde duerme el nieto de Trotski, Sieva. Trotski, derrumbado a medias por el somnífero que ha tomado horas antes, tarda algunos minutos en comprender lo que sucede. Natalia y él se tapan con una manta y se esconden debajo de la cama, en el ángulo ciego del cuarto con respecto a la puerta. Los atacantes descargan en la habitación una decena de ráfagas de ametralladora, sin alcanzarlos, y se marchan, seguros de haber cumplido su misión. El único saldo de ésta es una herida leve en el pie de Sieva”[1].

Comentaría tiempo después Natalia Sedova: “León Davidovitch [Trotsky], nervioso pero calmo, al ser interrogado sobre los probables autores del atentado, designó como instrumento del servicio secreto de la G.P.U., al pintor mexicano David Alfaro Siqueiros. Estaba informado de las actividades de este aventurero en las Brigadas Internacionales, durante la guerra civil española”.

Y sigue: “Encontráronse varias cachiporras, numerosos cargadores, setenta y cinco cartuchos, una sierra eléctrica, doce trozos de dinamita, hilos eléctricos de conexión para los explosivos, y las dos bombas incendiarias”. “León Davidovitch comprendía que la orden de asalto venía desde Moscú, que una agresión cometida con tal despliegue de medios, por un grupo tan numeroso, no podía ser obra de algunos irresponsables, que sin duda alguna los planes de su asesinato estaban ya fijados, que había todo un mecanismo en marcha contra él”[2].

 

Luego de este ataque[3], reivindicado por medio de una carta a los diarios[4], Siqueiros se “autoexiliará” –mientras Ramón Mercader tendrá más éxito que aquél en cumplir su “misión” pocos meses después- a Chile, en 1941. En 1944 irá a Cuba, para volver finalmente, dos años después, a México.

Como es evidente, Siqueiros gustaba de empuñar tanto el pincel como la metralleta y la bomba; tanto su arte como su acción práctica estuvieron al servicio del stalinismo y tuvieron como objetivo una causa contrarrevolucionaria: asesinar a León Trotsky.

Es un episodio histórico para recordar.

 


NOTAS:

[1] Jean-Jacques Marie, Trotski. Revolucionario sin fronteras, Bs. As, FCE, 2009, pp. 569 y 570.

Y así lo cuenta Natalia Sedova, la compañera de Trotsky: “León Davidovitch [Trotsky], afectado de insomnio, tomó un narcótico la noche del 24 de mayo de 1940, y se durmió profundamente. De pronto, me sentí despertada por una violenta descarga de armas de fuego, que sonaba próxima a mí. También León Davidovitch se despertó… Le dije al oído: ‘Están tirando, están tirando… en la pieza’. Nos deslizamos hacia el piso. Luces fulgurantes atravesaban el dormitorio, el jardín, la casa entera: un tableteo de ametralladoras llenaba la noche. La puerta de la habitación contigua, donde dormía nuestro nieto Sieva, refulgía como un brasero; entreví en el umbral, rodeado de llamas y de sombras, la figura de un hombre uniformado… su casco, su rostro descompuesto, los rojizos destellos de los botones de metal de su capote. Uno contra otro, permanecimos acurrucados, en el ángulo de la pieza. Esbocé un movimiento para levantarme y proteger a León Davidovitch, porque me parecía que las balas lo buscaban. Oímos un grito angustiado de Sieva: ‘¡Abuelo!’. El tono del niño era a la vez de súplica y advertencia. ‘Lo han raptado’, murmuró el abuelo. Largo rato se prolongó el desencadenamiento de luces, sombras y ametralladoras, para extinguirse luego, sumergido en un silencio de muerte, total, intolerable, que nos dejó helados. Nos aterrorizó el pensamiento de que todos nuestros amigos, Alfred y Marguerite Rosmer, los jóvenes camaradas americanos, acababan de ser asesinados. Ahora, pensaba yo, vendrán a matarlo, ¿qué hacer, qué hacer, dónde esconderlo? Me había ganado un vértigo de desesperación. La voz sonora de Sieva se escuchó una vez más. ‘¡Alfredo, Margarita!’. Había en esa voz una alegría vibrante. ¡Vivía! ¡Todos vivían!” (Victor Serge, Vida y muerte de León Trotsky, Bs. As., El Yunque Editora, 1974, p. 266).

[2] Vida y muerte…, pp. 268 y 269.

[3] “Veintisiete personas fueron arrestadas. Sus declaraciones arrojan plena luz. Siqueiros se procuró uniformes de policía, las armas y los autos, y fue él quien dirigió personalmente la operación, vestido con uniforme de mayor y acompañado de su secretario Antonio Pujol, uniformado de teniente” (testimonio de Natalia Sedova en Vida y muerte…, p. 270).

[4] Sigue Natalia: “Siqueiros y Pujol están prófugos; pero desde su escondite, el primero envía una carta a los diarios. No niega nada. ‘El Partido Comunista, expone, al cometer el atentado, más que provocar la expulsión de Trotzky [sic] de México. Los enemigos del Partido Comunista pueden esperar un tratamiento similar…’ (Vida y muerte…, pp. 270 y 271).

 


One Comment on “El pincel, la ametralladora y la historia”

  1. […] Los guardias duermen con las pistolas puestas, y cada vez que llaman a la puerta es posible que afuera espere la posibilidad de la muerte. El calor del verano ha cedido, pero ya nada es como antes [tras el primer atentado, dirigido por David Alfaro Siqueiros].” […]

    Me gusta


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s