Minería, tragedias y política (III)

Además de pensar que la llamada “tragedia de los mineros chilenos” tuvo un “final feliz” (y felizmente televisado y felizmente visto como un posible paquete de ganancias empresarias por medio de la TV, los libros, las películas y entrevistas que se harán), además de pensar en la desidia capitalista y la de los gobiernos burgueses –que tratan de sacar réditos políticos-, podemos también ver otras apreciaciones que se dieron; pequeñas tal vez, pero que ilustran la estructura clasista del capitalismo.

En este caso haré mención –una vez más– a la “señora de los almuerzos”: Mirtha Legrand. Hete aquí que en su programa –que se emite de lunes a viernes todos los mediodías- posterior al rescate de los mineros de Copiapó, y tras mostrar las joyas que llevaba en sus anillos “en alusión a los rescatados”(!!!), dijo que vio en toda la situación a los mineros “sobrios”. Y, para rematarla, agregó: “Una cosa me llamó la atención: ¿Vieron que había obreros y… operarios? No dijeron una mala palabra…”.

Causa indignación ver el desprecio y prejuicio clasista de la “señora”. Indignación ante tanta impostura ¡como si ella no dijera “malas palabras” también!

Esto –las puteadas de la “señora Mirtha”-, que ha sido mostrado en los programas de entretenimientos y archivos como una cosa chistosa, expresa en verdad algo que señalara Trotsky en su momento, al referirse al lenguaje procaz y su “origen de clase”: “El lenguaje blasfemo en nuestras clases socialmente inferiores era el resultado de la desesperación, la amargura y, sobre todo de la esclavitud sin esperanza ni evasión. El lenguaje blasfemo de nuestras clases altas, el lenguaje que salía de las gargantas de la aristocracia y de los funcionarios, era el resultado del régimen clasista, del orgullo de los propietarios de esclavos y del poder inconmovible”.

 

Nuestra aristócrata se puede permitir el lujo de prepotear y menospreciar a sus “subordinados” (productores del programa detrás de cámara, “muchachas” que sirven los almuerzos) al mismo tiempo que le “extraña” que los obreros “no digan ‘malas palabras’”. ¡Indignante!

 

 

Ya llegará el tiempo en que los trabajadores reconstruyamos todo, desde las relaciones sociales y económicas, hasta una nueva cultura y un “lenguaje puro”, despojado de expresiones miserables producidas por la miserable vida que tenemos los trabajadores bajo el capitalismo.

Entonces ya no habrá más “malas palabras” entre los trabajadores y trabajadoras… ni tampoco señoras con joyas y sirvientas.



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