#Música: R.E.M. – Perfect Square

Publicado el 22 may. 2018

Lista de canciones

«Begin the Begin» – «What’s the Frequency, Kenneth?» – «Maps and Legends» – «Drive» – «Animal» – «Daysleeper» – «The Great Beyond» – «Bad Day» – «The One I Love» –  «All the Way to Reno (You’re Gonna Be a Star)» –  «Orange Crush» – «Losing My Religion» – «At My Most Beautiful» – «Electrolite» – «She Just Wants to Be» – «Walk Unafraid» – «Man on the Moon» – «Everybody Hurts» – «So Fast, So Numb» – «Country Feedback» – «Permanent Vacation» – «Imitation of Life» –  «It’s the End of the World as We Know It (And I Feel Fine)»


#Poesía: [sin título] (Ben Lerner)

 

En esa época, la desnudez parcial estaba permitida,

siempre y cuando los pechos en cuestión fueran de indígenas.

 

Las nubes tenían facilidad de dicción,

y a la muerte le iba muy bien con las mujeres

y por las noches nuestros documentos se abrían

para emitir sus fragrantes confesiones.

 

En esa época, se sumergían cebollas enteras y pueblos enteros

en grasa transparente y semisólida de cerdo.

Los niños aspiraban líneas de oro en polvo,

inhalaban pegamento hecho de tachas,

fumaban mirra sepulcral y luego tiraban unos tiros

en sus escuelas.

 

En esa época, la policía se llevó detenidos a todos los insectos, luego a los pájaros, después a las estrellas,

y el cielo se escapó bajo la tierra.

 

The litchenberg figures [2004], en Ben Lerner, Elegías doppler, Bs. As., Zindo & Gafuri, 2015 [traducción de Ezequiel Zaidenwerg], p. 39.

 


#24DeMarzo: Ricardo Piglia sobre Estado y dictadura, sociedad y relato(s), política y ficción

* Fragmentos de dos entrevistas:

[1984]

La concepción conspirativa de la historia tiene la estructura de un melodrama: una fuerza perversa, una maquinación oculta explica los acontecimientos. La política ocupa el lugar del destino. Y eso en la Argentina no es una metáfora: en los últimos años la política secreta del Estado decidía la vida privada de todos. Otra vez la figura de la amenaza que se planifica desde un centro oculto (en este caso ‘la inteligencia del Estado’) y se le impone a la realidad. Es lo que sucedió con el golpe de 1976. Antes que nada se construyó una versión de la realidad, los militares aparecían en ese mito como el reaseguro médico de la sociedad. Empezó a circular la teoría del cuerpo extraño que había penetrado en el tejido social y que debía ser extirpado. Se anticipó públicamente lo que en secreto se le iba a hacer al cuerpo de las víctimas. Se decía todo, sin decir nada.

 

[1987]

[…] diría que la nueva marca en el discurso intelectual es una suerte de conformismo general y de sometimiento al peso de lo real. En lo que se llama ‘los 60’ había un espacio de reflexión diferente que, por no estar conectado a la política inmediata, permitía poner en el centro del debate temas que hoy han sido clausurados, como el de las transformaciones y la revolución.

[…]

El poder también se sostiene en la ficción. El Estado es también una máquina de hacer creer. En la época de la dictadura, circulaba un tipo de relato ‘médico’: el país estaba enfermo, un virus lo había corrompido, era necesario realizar una intervención drástica. El Estado militar se autodefinía como el único cirujano capaz de operar, sin postergaciones y sin demagogia. Para sobrevivir, la sociedad tenía que soportar esa cirugía mayor. Algunas zonas debían ser operadas sin anestesia. Ese era el núcleo del relato: país desahuciado y un equipo de médicos dispuestos a todo para salvarle la vida. En verdad, ese relato venía a encubrir una realidad criminal, de cuerpos mutilados y operaciones sangrientas. Pero al mismo tiempo la aludía explícitamente. Decía todo y no decía nada: la estructura del relato de terror.

Con la transición de Bignone a Alfonsín [cambia ese relato]. Ahí se cambia de género. Empieza a funcionar la novela psicológica, en el sentido fuerte del término. La sociedad tenía que hacerse un examen de conciencia. Se generaliza la técnica del monólogo interior. Se construye una suerte de autobiografía gótica en la que el centro era la culpa; las tendencias despóticas del hombre argentino; el enano fascista; el autoritarismo subjetivo. La discusión política se internaliza. Cada uno debía elaborar su relato autobiográfico para ver qué relaciones personales mantenía con el Estado autoritario y terrorista. Difícil encontrar las responsabilidades. Resulta que no eran los sectores que tradicionalmente impulsan los golpes de Estado y sostienen el poder militar los responsables de la situación, sino ¡todo el pueblo argentino! Primero lo operan y después le exigen el remordimiento obligatorio.

 

 

Ricardo Piglia, Crítica y ficción, Bs. As., Debolsillo, 2014 [ed. original 1986; nueva versión 2000], pp. 34, 100, 101.


#Música: Molotov – MTV Unplugged

* https://www.youtube.com/user/MoloTVoficial/videos

 

 

 

 


#Poesía: “Las cenizas de Gramsci” (Pier Paolo Pasolini)

“Las cenizas de Gramsci”

 

I

[…]

Tú, muchacho, en aquel mayo

en el que el error era aún vida,

delineabas con tu delgada mano

 

el ideal que ilumina (pero no

para nosotros: tú muerto y nosotros

muertos igualmente contigo

 

en el húmedo jardín) este silencio;

tú en aquel mayo italiano

que a la vida aportaba

por lo menos ardor,

al menos aquel apacible e impuramente

sano ardor de nuestros padres; pero

tú no eres padre, sino humilde hermano.

 

No puedes sino ahora reposar

en este extraño y retirado lugar.

Patricio aburrimiento hay a tu alrededor.

 

Y débil apenas te llega algún golpe

de yunque de los talleres de Testaccio,

amodorrado en el atardecer.

 

Tú entre míseros cobertizos, un vicioso

muchacho cierra su jornada,

mientras llueve a su alrededor.

 

 

II

Entre dos mundos la tregua que no tenemos.

Decisiones, altruismo… No existe más sonido

que el de este insalubre jardín 80

 

un tanto noble en el que testarudo

el engaño que apagaba la vida

permanece también con la muerte.

 

Los círculos sarcófagos

no hacen sino mostrar las suertes

que aún quedan de esta gente laica,

[…]

 

 

III

[…]

Y heme aquí, pobre, vestido

 

con las ropas que los pobres

ven en escaparates de burdo esplendor

y que han perdido su suciedad 83

 

en las calles lejanas, en asientos

de tranvías en los cuales he extraviado

las horas de este día: mientras

 

en el tormento de mantenerme con vida

son más escasos estos respiros;

y si amo el mundo sólo es

 

por su violencia e ingenuo amor sensual,

así como, confuso adolescente,

lo odié un día cuando en él me hería

 

el mal burgués que en mí –burgués– había.

Y ahora comparto contigo el mundo.

¿Acaso no aparece como objeto

 

de místico rencor y de desprecio

la parte aquella que el poder posee?

Y, sin embargo, sin tu rigor subsisto

 

porque nada elijo. Vivo en el no desear

de la apagada postguerra, amando

el mundo que odio –perdido en su decepcionante

 

miseria– gracias a un oscuro escándalo

de conciencia…

[…]

 

Pier Paolo Pasolini, Las cenizas de Gramsci, Madrid, Visor [n° 58], 1975 [Traducción y prólogo de Antonio Colinas], pp. 79-81


#Poesía: “Comicio” (Pier Paolo Pasolini)

 

“Comicio”

 

Con su apacible terror aquí es más puro

–si las tardes ya fundidas tiemblan

con los últimos, poéticos susurros

 

de la vida sencilla– el encuentro

de los canalones urbanos con el oscuro cielo.

Y pálidos muros, infecundos

 

céspedes, delgadas cornisas en el misterio

que las empapa de cosmos mientras,

familiar y alegremente, funden el suyo.

 

Pero esta noche algo cambia improvisadamente

en las incultas fantasías del viandante

y hiela su arrobamiento en las queridas,

 

cálidas paredes desconsagradas…

 

Ya no más como en un paraíso

de pasos muy sonoros porque escasos,

de transparentes voces porque apacibles.

 

La plaza se estremece en las oscuras

esquinas, entre esplendores de piedra

humilde: ya no rumorean solitarios

 

los coches de los poderosos,

rozando el costado del joven paria

que embriaga son sus silbidos la ciudad…

 

Una pálida muchedumbre llena el aire

de irreales rumores. Sobre ella un palco

cubierto de banderas cuyo blanco

 

hace sudario, la negra luz

ciega el verde, el rojo se ennegrece

como la sangre seca. Como viento

 

o tétrico vegetal brilla cerúlea,

en el centro, la llama fascista.

 

*   *   *

El dolor, inesperado, me rechaza

casi como si no quisiera verme.

Por el contrario, con las lágrimas que destiñen

 

alrededor de mí un mundo tan vivo,

al atardecer, me lanzo desesperadamente

en medio de esta feria de sombras.

 

Y miro, y escucho. Roma, en torno a mí,

enmudece: se oye el silencio

de la ciudad y el del cielo. Sobre

 

tanto grito no se oye voz humana.

La cálida semilla que mayo hace germinar

incluso en el frescor nocturno, un pesado

 

y antiguo hielo oprime sobre los muros

robustos, ya tristes, como los sentidos

de un niño angustiado. Y cuanto más cuanto más crecen

 

los gritos (y el odio en el corazón),

más desnudo se vuelve el desierto

de la tarde en donde el habitual

 

y perezoso susurro se ha extinguido…

 

He aquí quienes son los ejemplares vivos,

vivos de una parte muerta de nosotros

que nos había ilusionado con su novedad,

 

–para siempre están privados de ella.

Por el contrario, entrevista inesperadamente

en esta plaza oriental, he aquí, espesa,

 

la multitud aullando, que enloquece anunciando

la salud como signo de una raza

que en el pueblo es oscura alegría

 

y en ella triste la oscuridad.

Y su energía es sólo debilidad,

ofensa sexual, ya que no tiene

 

otro camino para llegar a ser pasión

en su encendida mente, acciones demasiado

lícitas o ilícitas: aquí grita tan sólo

 

la burguesa impotencia de trascender

la especie, la confusa fe que la exalta,

y que, desesperadamente, crece en el hombre

que no sabe qué luz lleva dentro de sí.

 

*   *   *

[…]

 

Pier Paolo Pasolini, Las cenizas de Gramsci, Madrid, Visor [n° 58], 1975, pp. 47-49.


Una reseña, un artículo y una entrevista

* Tres pequeños trabajos que se publicaron el último tiempo:

 

Reseña a Ilustres raperos, de David Foster Wallace y Mark Costello

Dos jóvenes universitarios, “hombres blancos de Boston”, descubren que comparten una predilección por la música rap/hip hop y deciden escribir sobre ella. David Foster Wallace y Mark Costello, hacia fines de la década de 1980, escriben y publican Ilustres raperos, un singular trabajo, potente, imaginativo, donde se rastrea la génesis del género, se lo analiza en múltiples dimensiones, se lo critica y compara con hitos de la literatura moderna y posmoderna. Ellos denominan al producto de ese presente, en pleno desarrollo, “rap serio”: “una fusión muy concreta inventada en el gueto entre funk, reggae tecnificado, rock hardcore de adolescentes y para adolescentes y la ‘poesía de la experiencia negra’ compuesta a principios de los setenta por Nikki Giovanni, The Last Poets, etc.”. Algo que “siempre tuvo sus raíces en el Barrio, en el submundo de los pandilleros negros”. Una cultura popular que nace en fiestas en la calles, pasa a los locales, clubes itinerantes y finalmente a discos y grupos consagrados (con su contraparte o versión “blanda”, comercial). Un fenómeno que permite, al “oyente blanco”, alguna clase de acceso a “las penurias extremas y el estado de ánimo de una comunidad [norte]americana situada al borde mismo de la implosión/explosión, una fea y nueva subnación”.

Además de la dimensión histórica y sociológica —acertada en su diagnóstico: basta con recordar la revuelta de Rodney King, el estallido social de 1992 en Los Ángeles contra el racismo, los abusos y la impunidad policial—, Foster Wallace y Costello señalan la original combinatoria entre jerga callejera y high-tech: lo que De La Soul llama “droga del dialecto” (el “lenguaje de clubes de baile”; “una miríada de formas de describir el aspecto propio o el ajeno”), más el sampleado digital de multipistas, tecnología que permite generar la “cita musical” robada impunemente y reproducida, modificada y recombinada al infinito. Los autores afirman que esta metodología podría  remontarse ya a Bach —“que se dedicó a copiar danzas de la corte del siglo XVII en sus Suites francesas”— y llega a “los compositores de música/arte experimental contemporáneo” (Glass, Cage, Eno), quienes “montan ‘collages de sonidos’ a partir de fragmentos escogidos al azar de ruidos cotidianos”.

La nota completa acá.

 

Artículo sobre Las tribulaciones del estudiante Törless, novela de Robert Musil

En la Europa previa a la primera guerra mundial, en el Imperio austro-húngaro, un joven de casi veinte años que ha llegado al grado de teniente, Robert Musil, abandona la academia militar –rompiendo con el deseo familiar– para dedicarse a estudios científicos y a las matemáticas. Diversos estadios, el militar, el científico, el filosófico, irán así pasando, y terminará estableciéndose en el de la literatura, según reconstruyó Pedro Madrigal en su libro Robert Musil y la crisis del arte. En 1901, como ingeniero, comienza a trabajar y a desilusionarse ante la parcialidad y límites de la visión de sus colegas, los “especialistas”, agentes de la expansión económica de un imperio, pese a todo, en crisis. “Hastiado por el seco trabajo” durante un año, en los talleres de Stuttgart, en sus ratos libres fantasea y recupera aquellas vivencias en los dos internados militares por los que pasó, para transformarlas en un libro.

Publicada en 1906, Las tribulaciones del estudiante Törless es la primera novela de Musil, un trabajo que le abrió exitosamente las puertas de la literatura y al que le siguieron varios relatos, una obra de teatro, otras prosas y finalmente su más conocida e inconclusa obra, El hombre sin atributos, publicado su primer tomo en vida del autor. Ahora, con traducción de Nicolás Gelormini, la editorial Bärenhaus recupera aquel debut literario, unos “recuerdos de adolescencia”, en la superficie, que ocultan –y anticipan– oscuras fuerzas.

Aunque el punto de partida es autobiográfico, aquí no hay recuento de lo que fuera la vida del autor en ese periodo; tampoco son “confesiones”, así contenga elementos de “educación sentimental”, ni mero realismo. Ni discusiones “pedagógicas”. Lo que se puede encontrar en Las tribulaciones…, en primer lugar, es la historia de una intensa sensualidad, desbocada, en un internado, cuando tres jóvenes condiscípulos le descubren a otro un robo. La amenaza de señalarlo, denunciándolo públicamente, el poder de la extorsión les permitirá recorrer un cruel camino, de ribetes sádicos, sojuzgando al “otro”, en una especie de experimentación en búsqueda de “romper límites”, generar autoafirmaciones y obtener “trascendencias”.

La nota completa acá.

 

Una entrevista con el poeta y traductor Rodolfo Alonso

Poeta laborioso, Rodolfo Alonso es una voz fundamental de la poesía argentina y latinoamericana. Autor de más de treinta libros, traductor, desde hace décadas, de decenas de autores del italiano, francés y portugués, y exeditor (publicó unos 250 libros con un sello propio), se integró, desde muy joven, al grupo que hizo Poesía Buenos Aires, revista vanguardista que, desde la década de 1950, modernizó y revolucionó la escritura y la lectura establecidas, por medio de sus poemas, ensayos y traducciones. En palabras del mismo Alonso –en el prólogo para la edición facsimilar de los 30 números de la revista, publicada en 2014 por la Biblioteca Nacional– encontró entonces (con diecisiete años recién cumplidos), allí, en Poesía Buenos Aires, “una mezcla de fraternidad y de exigencia”; “una experiencia que no dejaba de ser ética y estética al mismo tiempo”. (Poesía Buenos Aires, escribió Alonso, “renunció a la vez al sentimentalismo y a la retórica, a la grandilocuencia y al cerebralismo, al formalismo y a lo patético”; “corrió el riesgo de mantenerse fuera de todos los circuitos supuestamente prestigiosos para no aislarse de la vida”.)

Con un nuevo tomo de su poesía reunida –con un libro que llega hasta el presente año– y varias traducciones (Pessoa, Pavese, Char, Saint-Pol-Roux), casi todo recién salido de imprenta o en trance de serlo, Alonso habla detalladamente sobre esta enorme cantidad de trabajo, y de sus experiencias, de donde surgen nombres fundamentales del quehacer poético como Raúl Gustavo Aguirre y Aldo Pellegrini.

Este nuevo tomo de tu poesía reunida, Ser sed, ¿qué características tiene? 
Por un lado, nunca me sentí cómodo con el concepto “obra completa” ni, tampoco, con el desmesurado objeto en que suele convertirse, incómodo de manejar. Y, además, jamás pensé que eso podía ocurrirme a mí, que ni soñando alguna editorial iba a meterse en eso. En cambio, como iluminaciones repentinas, sí me ocurrió más tarde sentir que algunos de mis libros tenían puntos en común, se rozaban por uno u otro motivo. Por suerte, la cosa terminó tomando espontáneamente ese camino.

Primero fue la bellísima y exigente editorial de los Pellegrini, para la cual Mario me sorprendió pidiendo un libro. Con tantas cosas en común, sentí que bien podrían reunirse allí mis poemas de adolescencia, surgidos cuando la vanguardia eran Poesía Buenos Aires y los surrealistas. Y así apareció en Argonauta el primer tomo de mi poesía reunida: A favor del viento (1952-1956).

Cierto tiempo después, invitado a la mexicanísima Xalapa para presentar un libro mío y, de paso, la poesía completa de mi querido Juan Gelman, en el marco de una feria del libro universitario coincido con el eficacísimo y generoso Carlos Gazzera, un puntal de Eduvim, la ejemplar y fecunda editorial universitaria cordobesa. Una noche, de improviso, me susurra si no me gustaría dirigir para ellos “una colección de po…”. No lo dejé terminar, le dije “se va a llamar La Gran Poesía, vamos a publicar grandes poetas fundamentales, en traducciones rigurosas y bilingües…”. Y así fue, menos de un año después aparecían Baudelaire y Dino Campana, y luego Apollinaire, Emily Dickinson, Miguel Hernández, los maestros medievales Guinizelli, Cavalcanti y Angiolieri.

Fue tan abierta y productiva la relación que algunos años después Carlos me propone publicar algo mío. Recordé cuatro libros que sentía relacionados por ciertos atisbos madurez, y así volvió a aparecer otro tomo de mi poesía reunida, ahora por Eduvim: Lengua viva (1968-1993). No se desanimaron y surgió un tercer tomo que, con seis libros, cubre el espacio entre los dos primeros: El uso de la palabra (1956-1983).

Siguieron confiando y, así, con toda naturalidad, Eduvim ya tiene en prensa: Ser sed (1993-2018), con tres libros recientes más un cuarto inédito que llega a la actualidad.

Es un volumen ordenado cronológicamente, ¿le hiciste alguna nota o presentación? ¿Tuvieron los distintos libros que se compilan aquí revisiones, correcciones, supresiones?
Desde un comienzo me sentí inclinado a fechar mis poemas de cada libro, al comienzo en forma general y luego precisando cada caso. Nunca al pie de cada poema, lo que afectaría a la vez imagen y texto, pero sí al final, en lo que dio en llamarse “Índice cronológico”. Siempre sentí que el contexto podía ser importante para muchos lectores, ubicándolos tanto en mi modesta historia personal como en la mucho más apasionante Historia colectiva. (Muchos después, y en dos ocasiones, Alejandro Nicotra fue uno de los que más llegó a precisarme, a mí mismo, qué me movió a eso. “Su aprehensión del esplendor sagrado, de lo inefable de la vida, está muchas veces aunada a la sugerencia de la circunstancia histórica“).

A su vez, cada uno de esos cuatro volúmenes de mi poesía reunida ordena a los libros que incluye por orden cronológico de edición. Lo que ocurre es que, en algunos, se incluyen poemas postergados antes, por una u otra razón. Preferí que quedaran así, tal como les tocó aparecer. No sabría precisar bien por qué, pero intuyo que ese criterio implica también un sentido.

Los libros no fueron retocados, y tampoco la inmensa mayoría de los poemas. No se eliminó ningún poema, y sólo muy pocos fueron retocados, diría en ínfimo número. Eso también, sentí, les añadía un sentido. Sinceridad, autenticidad, desnudez, hasta flagrancia diría, siempre a cara descubierta. Fueron lo que son, y son lo que fui, y acaso sigo siendo. Y siempre como si me escribiera otro, como por fuera de mi voluntad, como si yo fuese más bien el instrumento que el ejecutante. Ya lo dije otras veces, y no sé si podría decirlo más claro: “La poesía me ocurre”, no hay proyecto, no hay plan previo, no hay propósito. Eso se desencadena en mí, o a través de mí, y no siempre con el mismo desencadenante. E intuyo que el lenguaje tiene muchísimo que ver en todo eso. El lenguaje que nos atraviesa, que nos envuelve, que nos azuza, que nos acuna. También me ocurrió ya decirlo otras veces. “No usamos el lenguaje, somos lenguaje”.

La entrevista completa acá.