La vanguardia es así

Gran muestra en el Nacional de Bellas Artes

Clima de época

Las oleadas migratorias de Europa a Sudamérica desde fines del siglo XIX, la Primera Guerra Mundial, el triunfo de la Revolución Rusa, la Reforma Universitaria y la Semana Trágica (y todo lo que sigue) es el dinámico trasfondo en el que surge la Editorial Claridad, un importante emprendimiento político-social y cultural, y que hoy es exhibido en el Museo Nacional de Bellas Artes.

Polémicas (artísticas, teóricas e ideológicas) y zonas de encuentros

Junto a la aparición de la revista Martín Fierro, Claridad será una de las dos corrientes “de vanguardia” en las primeras (y convulsivas) décadas del siglo XX. Fundada por el socialista andaluz Antonio Zamora en 1922, la primera publicación de Claridad fue la colección Los Pensadores: publicación semanal que, a tan sólo veinte centavos, distribuía ampliamente –incluso a otros países– diversos clásicos del pensamiento científico, político, filosófico y social (entre otros, El derecho a la pereza, de Paul Lafargue; El imperialismo, última etapa del capitalismo, de Lenin; El ABC del comunismo, de Bujarin; El tratado de la educación práctica, de Kant; La moral religiosa, de Voltaire). A lo que luego se sumó la Revista Claridad, publicación por excelencia –junto a otra revista, de vida más corta, Extrema Izquierda– del llamado Grupo de Boedo: Elías Castelnuovo, Leónidas Barletta, Álvaro Yunque, Pedro Calou, entre otros. Junto a ellos estaban los Artistas del Pueblo (Arato, Facio Hébequer, Abraham Vigo, entre otros), quienes ilustraban las revistas y libros de los boedistas. Como editorial, Claridad publicaría muchos libros de cuentos y novelas del Grupo de Boedo, aunque también éstos saldrían por otros sellos, como el mítico Tor.

Álvaro Yunque decía que Boedo era “la calle” mientras que los escritores y artistas de Florida (Borges, Oliverio Girondo, Ricardo Güiraldes, Xul Solar, Norah Borges) se abstraían de la explotación y del crimen diario contra los trabajadores por habitar una “torre de marfil”; pero lo cierto es que ambas tendencias se preocuparon tanto por “las formas” de sus respectivas obras como por la ideología y la política: mientras que Boedo colaboró/militó con socialistas, anarquistas, comunistas e izquierdistas varios, también poseían una “estética”: la realista; mientras que en Florida estaban por la “vanguardismo estético” y, políticamente, se pronunciaron muchos de ellos por la candidatura de Yrigoyen.

Sin embargo, más allá de las ácidas y chicaneras polémicas, y las visiones retrospectivas de varios protagonistas de que eran dos bandos perfectamente definidos y acérrimamente enfrentados –y en este error, en esta mala o simplista lectura cayó gran parte de la crítica literaria–, muchos boedistas terminaron junto a los martinfierristas –y otros mantuvieron relaciones y trabajo en común con ambos grupos (caso Roberto Arlt o los hermanos González Tuñón)–, y muchos martinfierristas no acompañaron los posicionamientos políticos del grupo, e incluso terminaron en otros lugares (caso del joven martinfierrista Leopoldo Marechal, que luego se haría peronista y, pos 1955 sería “el poeta depuesto”).

En síntesis, ambos grupos fueron conscientes de los tiempos que les tocaba vivir, y “tomaban partido” ante las disyuntivas históricas, políticas y estéticas de entonces. Debatían y polemizaba, se agrupaban en bandos –y algunos no–. Unos, con un claro sentido de clasista y “pedagógico” (Boedo) y antiburgués; y los otros, con una marcada preferencia por la política burguesa o pequeñoburguesa (Florida).

La muestra del MNBA

La exhaustiva muestra, curada por Sergio Alberto Baur, cuenta con las tapas de Los Pensadores y Claridad, con libros (de cuentos, novelas y testimonios, del Grupo de Boedo y escritores contemporáneos afines), fotos y grabados; con fragmentos de filmes argentinos y europeos (desde Eisenstein hasta un documental sobre los campesinos pobres de una aldea en España, de Luis Buñuel), esculturas (como “El amargado”, de Agustín Riganelli) y pinturas, donde se destaca Sin pan y sin trabajo, de Ernesto de la Cárcova, Medianoche en el mundo, de Antonio Berni y Sueño y mentira de Franco, de Pablo Picasso.

Entonces, esta muestra no es sólo sobre la Editorial Claridad, sino sobre toda una época, mostrada a (cierto nivel de) escala internacional, donde las clases humildes sufrían y luchaban, y donde los artistas de gran parte del mundo reaccionaban y denunciaban, y/o luchaban junto a los trabajadores y sectores populares, contra las miserias del capitalismo; había ilustración –vía pinturas y grabados– del puerto, el conventillo de La Boca y los “destinos humildes”, así como denuncia a las masacres a gran escala como la de la Primera Guerra Mundial. (Y al respecto de esto último, es interesante un dibujo que podría ser un antecedente lejano de nuestro León Ferrari y su Civilización occidental y cristiana: uno de un artista alemán que, para denunciar la guerra, hizo un Cristo colgado en su cruz… con una máscara anti-gas.) De hecho, la revista Claridad nace como émulo local de la revista Clarté, del stalinista Henri Barbusse.

La amplitud y “deseo pedagógico” de Claridad está claro al poder verse en las tapas desde Gandhi, Anatole France y Jean Jeaurés, pasando por Juan B. Justo y Karl Marx… hasta León Trotsky, presentado, en esa tapa de marzo de 1929, como “genio militar de la revolución civil convertido en fantasma de la burguesía internacional”.

En definitiva, a la par que el anarquismo se debilitaba como corriente fuerte en la izquierda local, avanzaba el Partido Comunista, al calor del triunfo y consolidación de la Revolución Rusa en la década de 1920. Esto también influyó en las publicaciones teóricas y concepciones ideológicas, donde no sólo se publicaba a Bujarin (ex ultraizquierdista y ala derecha del bolchevismo ruso) sino también a Lunacharsky, quien desde el Ministerio de Educación en la URSS, alentaba al Proletkult –junto a Alexander Bogdanov–, organización cultural que fomentaba el “arte proletario”: una suerte de “populismo obrerista” (que desde lo teórico desarrollaba una especie de teoría del reflejo) con quienes Trotsky debatió –cuestión que quedó compilada, en 1924, en su Literatura y revolución–, proponiendo que haya pluralidad de tendencias artísticas, y que el Estado no sancione por decreto oficial –y aliento material, económico– a algún grupo artístico en particular. Trotsky argumentaba que era muy importante tanto “lo nuevo” en materia de creación artística en las vanguardias, como que el proletariado y los artistas absorbiesen “lo viejo” (la anterior cultura y artes de las clases explotadoras) para poder crear luego una nueva cultura, ya sin connotación de clase alguna.

(En este sentido Trotsky generalizará estos planteos más allá del arte y la cultura, como una necesidad para todo Estado obrero revolucionario: el “pluripartidismo soviético” que sistematiza en 1936, contra la burocracia stalinista, en La revolución traicionada, donde las luchas de tendencias y fracciones revolucionarias serán la dinámica necesaria para el funcionamiento la democracia soviética de masas, en todos los órdenes de la vida.)

Volviendo al tema central, a la muestra, digamos que el catálogo (que sale 200 pesos) viene acompañado de muy buenos textos de Sergio Baur, Noé Jitrik, Diana B. Wechsler, Laura Malosetti Costa, Roberto Amigo y María Florencia Galesio y Paola Melgarejo, analizando diversos aspectos de la época, las corrientes artísticas, los autores y obras. Un buen complemento para esta gran muestra.

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Todavía quedan algunos (pocos) días para ver, en el Museo Nacional de Bellas Artes, la muestra Claridad: La vanguardia en lucha (1920-1940); hasta el domingo 20 de mayo, con entrada gratuita.


Una página de La muerte de Artemio Cruz, de Carlos Fuentes

Encenderás un cigarrillo, a pesar de las advertencias del médico, y le repetirás a Padilla los pasos que integraron esa riqueza. Préstamos a corto plazo y alto interés a los campesinos del estado de Puebla, al terminar la revolución; adquisición de terrenos cercanos a la ciudad de Puebla, previendo su crecimiento; gracias a una amistosa intervención del Presidente en turno, terrenos para fraccionamientos en la ciudad de México; adquisición del diario metropolitano; compra de acciones mineras y creación de empresas mixtas mexicano-norteamericanas en las que tú figuraste como hombre de paja para cumplir con la ley; hombre de confianza de los inversionistas norteamericanos; intermediario entre Chicago, Nueva York y el gobierno de México; manejo de las bolsa de valores para inflarlos, deprimirlos, vender, comprar a tu gusto y utilidad; jauja y consolidación definitivas con el presidente Alemán: adquisición de terrenos ejidales arrebatados a los campesinos para proyectar nuevos fraccionamientos en ciudades del interior, concesiones de explotación maderera. Sí –suspirarás y le pedirás un fósforo a Padilla–, veinte años de confianza, de paz social, de colaboración de clases; veinte años de progreso, después de la demagogia de Lázaro Cárdenas, veinte años de protección a los intereses de la empresa, de líderes sumisos, de huelgas rotas. Y entonces te llevarás las manos al vientre y tu cabeza de canas crespas, de rostro aceitunado, pegará huecamente sobre el cristal de la mesa y otra vez, ahora tan cerca, verás ese reflejo de tu mellizo enfermo, mientras todos los ruidos huyan, riendo, fuera de tu cabeza y el sudor de toda esa gente te rodee, la carne de toda esa gente te sofoque, te haga perder el conocimiento. El gemelo reflejado se incorporará al otro, que eres tú, al viejo de setenta y un años que yacerá, inconsciente, entre la silla giratoria y el gran escritorio de acero: y estarás aquí y no sabrás cuáles datos pasarán a tu biografía y cuáles serán callados, escondidos.

 

* Carlos Fuentes, La muerte de Artemio Cruz, FCE, México DF, 1977 (ed. original 1962), p. 16.


La revolución (a veces) es un film eterno…

Leemos en Página/12 hoy:

–¿El hecho de que el film no sea una reconstrucción literal le dio libertad para hablar de otras cosas más allá de la Revolución?

–Trabajamos sobre una idea de que la historia es imposible de ser reconstruida. Todo trabajo artístico o cinematográfico sobre la historia es una mirada desde el presente sobre esa historia. Es imposible mantener una absoluta objetividad con la historia y frenar la propia subjetividad que es parte de nuestra contemporaneidad.

–A la vez tampoco es una biografía…

–Tampoco. Creo que en ese sentido coincidimos en el abordaje de Castelli. Tomamos la historia desde el punto de vista indicial. Cuando se puso a manejar el proyecto Rey Lear, Peter Brook vio todas las películas históricas que podía. Y llegó a la conclusión de que si uno reconstruye la historia al detalle, es decir escenográficamente, con vestuarios, con utilería, etcétera, cae en un pintoresquismo tal que el espectador va a perder de vista lo esencial. Para nosotros lo importante era ubicar a estos hombres, llamados “próceres”, para acercarlos lo más posible a lo que son los hombres comunes; pero con una salvedad y una diferencia: estos hombres están motivados por ideales y ponen sus vidas al servicio de esos ideales, acortando la distancia entre los ideales y la acción.

–Antes que hablar específicamente de la Revolución de Mayo, ¿esta película profundiza en el debate filosófico acerca de qué significa ser revolucionario, entonces?

–Seguro. Ese es uno de los objetivos. En ese sentido, también es indicial. La película permite hablar y plantear conflictos y contradicciones de tipo ideológico y, a la vez, tratar de abordar cuáles podrían ser las cualidades de esos revolucionarios, distinguiéndolos también entre sí, en el convencimiento de que esas cualidades están implícitas en todo revolucionario que intenta cambiar las realidades y los órdenes sociales injustos. En ese sentido, Castelli fue la pasión revolucionaria. No fue solamente “el gran orador”, sino la pasión revolucionaria y el hombre que, de todos ellos, más acortó la distancia entre los ideales y su propia vida. El convirtió su cuerpo en la combustión para concretar esos ideales, con una inflexibilidad y con una consecuencia que, según suponemos, pensaba que era indispensable para que esos ideales se concretaran en la realidad.

* Es Nemesio Juárez, acerca de La revolución es un sueño eterno, de Andrés Rivera, llevada al cine.

Yo vi una avant premiere en la Feria del libro en el 2010, así que aprovecho para dejar abajo la reseña que hice para el semanario La Verdad Obrera.

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Avant premiere en la Feria del libro

De combates, sueños y revoluciones

¿Qué nos faltó para que la utopía venciera a la realidad? ¿Qué derrotó a la utopía? ¿Por qué, con la suficiencia pedante de los conversos, muchos de los que estuvieron de nuestro lado, en los días de mayo, traicionan la utopía? ¿Escribo de causas o escribo de efectos? ¿Escribo de efectos y no describo las causas? ¿Escribo de causas y no describo los efectos? Escribo la historia de una carencia, no la carencia de una historia.

Andrés Rivera, La revolución es un sueño eterno

Entre las actividades que se hicieron en la Feria del Libro, se realizó la avant premiere de “La revolución es un sueño eterno”, dirigida por el conocido Nemesio Juárez1, y basada en la novela del mismo nombre, de Andrés Rivera –y que le valió el Premio Nacional de Literatura–.

Más de 120 personas –incluyendo al director, al propio Rivera y varias actrices y actores– colmaron la pequeña carpa blanca (la Sala de la Revolución de Mayo), y la gente tuvo que ver la película de pie o sentada en el piso. Cuando la proyección terminó se aplaudió mucho y luego Rivera se mostró muy conforme y dijo que seguramente la película “hará historia”. La misma se estrenará –por falta de financiamiento– a fines de julio/principios de agosto.

La difícil tarea de traducir una obra literaria al lenguaje fílmico salió muy bien, y con conocidos actores (Juan José Castelli interpretado por Lito Cruz; Belgrano por Luis Machín; Mariano Moreno por Adrián Navarro y Monteagudo por Juan Palomino, entre otros). La música es de José Luis Castiñeira de Dios.

Desde la figura de Castelli, “el orador de la revolución”, como personaje principal, la película sigue el hilo de la novela, que transcurre entre los acontecimientos pre y pos 25 de mayo de 1810. Y muestra a las claras las contradicciones de un proceso de revolución en la periferia del capitalismo: muchos “patriotas de mayo” querían cambiar al amo español en decadencia –en esos momentos atacados por una Francia bonapartista– por otro en pleno desarrollo: Inglaterra. Castelli –representante de la Primera Junta en el Alto Perú– será uno de los integrantes del “ala jacobina” que, sin base social ni plan económico alguno, tendrá que vivir las contradicciones del complejo proceso del siglo XIX.

Castelli se peleará con la iglesia en las jornadas de 1810; intentará llevar adelante las ideas del “iluminismo” francés, por medio de la igualdad entre negros esclavos, criollos e “indios” (dirá que todos “somos hermanos”); y denunciará la avaricia económica de la naciente burguesía –de base rural– en Buenos Aires y pueblos del interior. El “voluntarismo” de este protagonista de un proceso de revolución política, de independencia de la corona española, dirá entonces: “Somos oradores sin fieles, ideólogos sin discípulos, predicadores en el desierto. No hay nada detrás de nosotros; nada, debajo de nosotros, que nos sostenga. Revolucionarios sin revolución: eso somos. Para decirlo todo: muertos con permiso. Aun así, elijamos las palabras que el desierto recibirá: no hay revolución sin revolucionarios”.

Lo único que no logra la película es reflejar la apertura original que hay en la novela. Mientras que la película se cierne a un guión en función de “película histórica”, Andrés Rivera abre las puertas para pensar, tras las contradicciones y fracasos del “proceso independentista”, la revolución moderna, la del siglo XX y hoy, la del XXI.

Por medio del pasado histórico –como ha hecho con varias novelas más, como La sierva2, El farmer o Ese manco Paz– Rivera nos habla siempre de un “presente reciente”. Cuando le hace decir a Castelli “Hombres como yo han sido derrotados, más de una vez, por irrumpir en el escenario de la historia antes de que suene su turno. Esos hombres, que fueron más lejos que nadie, en menos tiempo que nadie, ingresaron al mundo del silencio y la clandestinidad: esperan que el apuntador les anuncie, por fin, que sus relojes están en hora”, está hablando no sólo de 1810, sino también de la Revolución rusa de 1917, que fue un gran “adelanto” para la lucha de los trabajadores y pueblos del mundo a poco de iniciarse el siglo XX, en medio de los horrores de la Primera Guerra Mundial. Rivera habla también de los procesos revolucionarios del siglo XX, y de la degeneración burocrática stalinista del primer Estado obrero, al que se opuso León Trotsky y la IV Internacional, cuando dice “En esas desveladas noches de las que te hablo, pienso, también, en el intransferible y perpetuo aprendizaje de los revolucionarios: perder, resistir. Perder, resistir. Y resistir. Y no confundir lo real con la verdad”.

En definitiva, tenemos una suerte de summa de sueños e historia, basada en el gran objetivo, en la verdad, de una nueva revolución (proletaria).

NOTAS

1 – Nemesio Juárez tiene una larga trayectoria como documentalista. Participó en el Noticiero de la CGT de los Argentinos (1968) y fue parte del “cine militante” trabajando con el Grupo Cine Liberación y el Grupo Realizadores de Mayo. De allí surgió Argentina, Mayo 1969: los caminos de la liberación. Puede verse en Tv PTS un reportaje del programa “Dimensión documental” (http://www.tvpts.tv/spip.php?video=348). Su hermano, Ernesto Juárez, también cineasta y documentalista está desaparecido; en abril de este año el director de Cazadores de utopías, David Blaustein, ha estrenado Fragmentos rebelados, sobre la obra y actividad de Ernesto.

2 – Ver nuestra reseña a la reedición de La sierva en http://www.pts.org.ar/spip.php?article14190


Las penas que llegan cuando se (nos) va un poeta

Un amigo -que lo estuvo visitando- ya me había comentado la internación en el Güemes del poeta Mario Trejo. Y ahora se fue. ¿Qué decir? Que (una vez más) hay tristeza, y que resta leer, releer, recuperar (y por qué no, recrear) lo que fue la trayectoria de este gran artista de la palabra y los sentimientos.

Van abajo (estoy en el laburo y no tengo sus libros a mano) algunas notas aparecidas estas horas, y unos fragmentos de su poema “Orgasmos”, tomado de un post de homenaje en Taringa.

* Se fue un poeta tremendo, un tipo genial. Que escribió teatro junto a Alberto Vanasco en los ´40, que integró Poesía Buenos Aires en los ´50, que hizo radio y televisión de la buena en los ´60, década en la que también colaboró para las revistas Primera Plana y Confirmado; década en la que ganó el Premio de Poesía Casa de las Américas, recorrió todos los continentes y guionó cortometrages para su amigo Bernardo Bertolucci; hizo canciones junto a Waldo de los Ríos y Astor Piazzolla (la más recordada Los Pájaros Perdidos con cientos de versiones en todo el mundo).

Míticos ´60 en los que dirigió en el Instituto Di Tella de Buenos Aires varias obras, la más controvertida, Libertad y otras intoxicaciones ( 1967).

* La poesía está de riguroso luto. El genial Mario Trejo murió ayer a los 86 años. El poeta, que había nació el 13 de enero de 1926, empezó escribiendo teatro junto a Alberto Vanasco, con quien fundó el HIGO Club en 1946, un movimiento de agitación cultural que promovía una suerte de happenings: exhibiciones de pintura y escultura que duraban pocos minutos, acompañadas por lecturas de poemas. Su primer poemario, Celdas de la sangre (1946), es una colección de sonetos clásicos de forma y contenido heterodoxos. En la década del 50 participó de la creación de la revista Poesía Buenos Aires y colaboró también en Letra y Línea. Su segundo poemario, El uso de la palabra, ganó el Premio de Poesía Casa de las Américas, en 1964. Trejo hizo de todo: guiones de cine para su amigo Bernardo Bertolucci; canciones junto a Waldo de los Ríos y Astor Piazzolla, como Los pájaros perdidos, con cientos de versiones en todo el mundo; y dirigió varias obras en el Instituto Di Tella, en los 60, como Libertad y otras intoxicaciones. El autor de La pena capital (1980), Orgasmo y otros poemas (1989), entre otros títulos, publicó su último poemario Los pájaros perdidos (2010), con prólogo de Guillermo Saccomanno.

* El poeta Mario Trejo murió este domingo a los 86 años. Trejo, que fue destacado como poeta, dramaturgo y periodista nació el 13 de enero de 1926 en Buenos Aires o La Plata, ya que no hay demasiadas precisiones sobre su origen, aunque pasó una larga temporada de su vida en Rosario. Ahí, fue que conoció a su compañera María Fernanda con la que se casó en 2010 y compartió hasta el último día de vida.

Inclasificable. Imposible ubicarlo en algún ismo, más allá de que en sus comienzos se involucró con el invencionismo y el surrealismo. Su obra, de las más solitarias producidas en el país y en lengua española, está concentrada en El uso de la palabra, cuya primera edición es de 1964 (en Cuba) y que tuvo sucesivas reediciones ampliadas y, a la vez, definitivas.

En 1946 creó, junto a Alberto Vanasco, el HIGO Club, un movimiento de agitación cultural que promueve, ya en esa época, una suerte de happenings (exhibiciones de pintura y escultura que duraban pocos minutos y eran acompañadas de lecturas de poemas en pleno centro de Buenos Aires, 1946-47). Es en ese momento que publica Celdas de la sangre, una colección de sonetos clásicos de forma y heterodoxos de contenido.

También colaboró en la creación de tangos memorables con Piazzolla (“Los pájaros perdidos” tiene una veintena de versiones) y entrevistó a personalidades como Ernesto Che Guevara y Salvador Allende, entre otros.

Entre 1989 y 1991, alterna entre México, Guatemala y Estados Unidos. En el 2008, Fondo Nacional de las Artes, edita una Antología con prologo de Liliana Heer. El mismo año, la Fundación Argentina para la Poesía le otorgó el Gran Premio de Honor. En mayo de 2010 se publica su nuevo libro, “Los Pájaros Perdidos”, con prólogo de Guillermo Saccomanno.

Orgasmo

(fragmentos)

1

Breve vida feliz

Breve muerte feliz

3

Huir de la pequeña historia.

La anécdota me saca de quicio.

Vivamos el Gran Cuento.

Estoy traduciendo.

Hablo una lengua que apenas conozco

sonidos heredados

robados a lo lejos

ruidos enfermos de cultura.

Yo quiero hablar de mi lengua

lengua enferma

asesina del padre y de la madre

lengua experta

jerga de la experiencia.

Tartamudeo

Gruño

Digo sólo estertores.

La garganta se seca

vomito canciones mongoloides

y mi madre junto a mí

repite que me deja para siempre.

Un aeropuerto está cerca.

Siempre será así.

9

No hay nada más honesto que la necesidad.

10

Ha llegado la hora.

Confesaré.

Daré datos precisos.

No mentiré.

No caeré en contrabando.

Tomaré todas las drogas.

Acataré lo sagrado y lo profano

su único hijo

nuestro dolor.

No codiciaré la muerte del prójimo.

Me revolcaré sólo de amor.

La noche, sabemos, etcétera, etcétera, etcétera.

El alba

ya lo dije es oficio de sobrevivientes.


Don DeLillo, la información, el misterio y la verdad

“Existe algo así como un desprecio por el significado. Se trata de escribir fuera de la armazón habitual. Se trata de obligar al lector a que se comprometa con algo que de antemano se sabe no aceptará. Es todo parte de lo mismo. Es que hay una especie de saturación informativa, de excesivo deslumbramiento por la comunicación masiva. Todo el mundo sabe todo. Surge un tema, y en cuestión de días o semanas se agota por completo, gastado por la publicidad y por los medios. Nada es demasiado misterioso como para lograr escapar a ese proceso, a ese tratamiento. Dificultarle las cosas al lector es menos un ataque contra el mismo lector que contra las características de la época, contra su mercantilismo del conocimiento fácil. El escritor es guiado por la convicción de que ciertas cosas son difíciles, que ciertas verdades no son de fácil acceso, que la vida todavía tiene misterio”.

 

* Entrevistas a narradores norteamericanos de hoy, Edición preparada por Tom LeClair y Larry McCaffery, Bs. As., Grupo Editor Latinoamericano, 1986 (ed. original 1983), pp. 111-112.


.: DERECHO A LA FIESTA :. Viernes 11/5 – Club del Arte – Av. Corrientes 3439 – $10!!!


Diez (o nueve) “benefactores de la humanidad” (Andrés Rivera)

“Me echaron de la escuela, dijo Físhale en un hilo de voz.

Fui a hablar con la directora de la escuela. Cuando me presenté, me miró como si no creyera posible que yo existiera. ¿Usted es la hermana de ese monstruo?, me preguntó. Su sonrisa era cortés, protectora, demencial. De la afiebrada disertación de la señora directora, quien no se cansó de poner por las nubes a un señor Sarmiento, la enseñanza laica, y los centros de almaceneros que financian las cooperadoras y pagan el vaso de leche que toman los chicos pobres, pude deducir que Físhale le había bajado las bombachas.

El muchacho, a pedido de la maestra, tuvo que nombrar a diez benefactores de la humanidad. Citó a nueve: Espartaco, Babeuf, Carlos Marx, Federico Engels, Paul Lafargue, Vladimir Lenin, León Trotsky, Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht. La maestra se desmoronó sobre una silla, privada del uso de la palabra, mientras Físhale repetía furiosamente los nueve nombres en la esperanza, pobre ángel, de acordarse el décimo. Un chico, a sus espaldas, gritó Firpo que lo cagó a Dempsey. Físhale, al borde del agotamiento intelectual, suspiró y, embelesado, completó la inefable nómina”

 

* Andrés Rivera, El verdugo en el umbral, Bs. As., Alfaguara, 1994, pp. 151-152.


Para agendar: Charla-debate en artes visuales-IUNA

Charla-debate en artes visuales- IUNA

1º encuentro: “El arte en el capitalismo”

 

Un marxista una vez dijo que las condiciones existentes para la producción artística podía considerarse “un termómetro” de la vitalidad de toda una época. La autonomía del arte que surge con el desarrollo capitalista ha sido defendida y atacada por concentrar en su propia definición posibilidades contradictorias. Por un lado, el arte ha sido considerado como una forma de utopía vislúmbrale en las contradicciones de la sociedad capitalista y una forma de crítica a este sistema social; por el otro, se ha advertido también que el arte suele ser utilizado por las clases dominantes como forma de manipulación social destinada a mantener las relaciones sociales capitalistas y obtener ganancias.

Así, junto con la expresión de la subjetividad, la imaginación, los deseos y aspiraciones que el arte expresa, es necesario analizar también las condiciones que le impone el mercado, las instituciones culturales y la industria cultural. Actualmente, se extiende día a día un mercado artístico que mueve millones de dólares, incentivando la competencia, transformando las obras en mercancías y haciéndonos creer que este debería ser el único fin del arte; a la vez, instituciones y gobiernos dicen querer politizar y llenar de contenido distintas producciones culturales para en realidad utilizarlas como meros vehículos de propaganda oficial al servicio del mantenimiento de este régimen social.

Explorar estas relaciones entre arte y capitalismo es un debate necesario para discutir qué tipo de artistas queremos ser y qué artistas quieren que seamos. Necesitamos discutir estas cuestiones en el camino de organizar nuestra fuerza creativa para los tiempos que se vienen de crisis histórica de este régimen social.

Los invitamos a todos a ser parte de este debate que iniciaremos el día 17/05 a las 19 hs, sede B. Mitre

 

Coordina: Ariane Diaz, militante del PTS e integrante de la Asamblea de Intelectuales y Artistas en apoyo al Frente de Izquierda y los trabajadores

AGRUPACION CONTRAIMAGEN- JUVENTUD DEL PTS

FRENTE DE IZQUIERDA

en el centro de estudiantes de artes visuales iuna

 

contacto: www.contraimageniuna.com.ar // contraimagen.iuna@gmail.com// facebook: Contraimagen iuna


Don DeLillo y el “misterio” de la escritura…

“Hay determinados libros que vuelven una y otra vez al primer plano, y demuestran las posibilidades de la ficción. Pálido Fuego, Ulises, La Muerte de Virgilio, Bajo el Volcán, El Sonido y la Furia, por ejemplo. Tienen un poder y una audacia que va mucho más allá de los virtuosismos técnicos. Creo que corresponde llamarlos tratados sobre la vida, aun cuando varios de ellos están fuertemente teñidos de muerte. Pero no hay en ellos optimismo ni pesimismo, ni permiten que uno se dedique a lamentar la pérdida de valores ni alguna remota manera de escribir. Esos libros se abren a un misterio mucho mayor. No sé cómo llamarlo. Quizás es lo que Hermann Broch definiría como ‘la palabra más allá del discurso’.”

* Entrevistas a narradores norteamericanos de hoy, Edición preparada por Tom LeClair y Larry McCaffery, Bs. As., Grupo Editor Latinoamericano, 1986 (ed. original 1983), p. 109.


Feria del Libro: Se presenta ’La crisis de 1929 y el emerger norteamericano’ de Isaac Johsua

* Más info, acá.


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